jueves 27/1/22
                      La mezquita de Kunduz tras el atentado integrista. STRINGER
La mezquita de Kunduz tras el atentado integrista. STRINGER

Como cada viernes, la mezquita de Sayudabad abrió ayer sus puertas a mediodía a cientos de fieles para celebrar la jornada de la oración, la más concurrida en un día sagrado y de descanso en el mundo musulmán. El templo, ubicado en la provincia de Kunduz, en la zona nororiental de Afganistán, se convirtió sin embargo en cuestión de segundos en una ratonera mortal cuando un terrorista suicida, cargado con explosivos, se inmoló en su interior. La potente deflagración, cuya autoría fue reivindicada por el Estado Islámico, arrebató la vida a al menos 55 personas e hirió a otras 140, según precisaron las autoridades locales.

Escenas dramáticas de cuerpos despedazados circularon de inmediato por las redes sociales mientras los equipos de emergencia se esforzaban por trasladar a los hospitales más cercanos a decenas de víctimas. El portavoz de los talibanes, Zabihulá Muyahid, confirmó el atentado a los pocos minutos en un mensaje en su cuenta de Twitter en el que detalló que la acción fue obra de un kamikaze. «Varios compatriotas han caído mártires o han resultado heridos», lamentó.

Fuentes citadas por la cadena estadounidense CBS detallaron que la bomba la portaba en una mochila un niño que entró en la mezquita haciéndose pasar por limpiabotas. Este extremo no fue confirmado por los talibanes, que ostentan desde mediados de agosto el mando en el país. Su llegada al poder no se ha traducido en el fin de la amenaza terrorista.

El Estado Islámico causa una masacre en pleno rezo en una mezquita de Afganistán
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