domingo. 03.07.2022

Los ecos del rechazo unánime a la invasión de Ucrania también han llegado a China, hasta ahora tradicional aliado y apoyo de Rusia en los foros internacionales. La supuesta neutralidad de Pekín parece que puede llegar a su fin después de que su ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, mantuviera este martes una conversación telefónica con su homólogo de Kiev, Dmytro Kuleba. El diálogo desembocó, según fuentes ucranianas, en un compromiso del gigante asiático para desempeñar un papel de mediador en las conversaciones sobre un inmediato alto el fuego. China, que inicialmente se abstuvo en la reunión del Consejo de Seguridad que intentó condenar la ofensiva del Kremlin, protagoniza esta semana una evolución en su postura tras evacuar a sus ciudadanos en Ucrania e incluso expresa su «pesar» por el estallido de la guerra y «el daño sufrido por los civiles».

Es más, según Wang, «China apoya todos los esfuerzos internacionales constructivos que conduzcan a una resolución política» de la contienda y se postula para «desempeñar un papel de mediación» entre ambos países «para encontrar una manera de resolver el problema a través de negociaciones». Estas palabras abren un nuevo escenario diplomático. Pekín es, sin duda, el agente que más puede influir en las actuaciones que encabeza Vladímir Putin. Su tradicional pragmatismo es incluso capaz de frenar a Moscú al considerar que esta guerra puede llegar a poner en peligro su mercado en Occidente, el mayor de su balanza comercial.

Es evidente, que el régimen no se encuentra cómodo con esta situación bélica, que erosiona la estabilidad económica prevista una vez que la pandemia del coronavirus parece comenzar a perder fuerza. No es el escenario que el Gobierno de Xi Jinping quería ver en el este de Europa.

En la cuerda floja

China parece que ya no está dispuesta a seguir caminando sobre la cuerda floja diplomática en el conflicto de Ucrania. Hasta ahora resultaba factible mantener el equilibrio entre el respeto a la soberanía nacional y su negativa a llamar a atención a su socio estratégico del Kremlin.

Sin embargo, ahora en Pekín han comprobado que su negativa a condenar la invasión ha provocado en la opinión pública mundial un malestar con sus postulados que en algunos casos ha llegado a rozar la ira. Como ejemplo, el periódico estatal ‘Global Times’ publicó este martes que un grupo de alrededor de seiscientos estudiantes chinos huyó el lunes de Kiev y de la ciudad portuaria sureña de Odesa. Viajaron en autobús a la vecina Moldavia con escolta de la embajada y protección de la Policía local. Este martes se conoció también que un ciudadano chino recibió el martes un disparo en la cintura mientras viajaba por carretera desde el este de Ucrania a la ciudad occidental de Leópolis el martes. Pekín ha confirmado que alrededor de 6.000 de sus ciudadanos se encuentran en Ucrania por trabajo o estudio.

China, confiesan algunos de sus diplomáticos, ya no es el gigante aislado de décadas pasadas. Ahora tiene un ojo puesto en el resto del planeta y presta oídos a las protestas externas.

El gigante chino condena la guerra y se postula como mediador para lograr una tregua
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