jueves 6/8/20

«Había pruebas tan contundentes que no había forma de refutarlo»

Parada fue trasladado a la embajada en Washington porque querían a un militar para que diera la cara por el Ejército y en 1991 fue convocado a declarar en El Salvador en la comisión que dirigían los militares. Su compañero Herrera Carranza había muerto en extrañas circunstancias y el sentía que su seguridad estaba en peligro, hasta tal punto que dejó su testimonio por escrito al embajador por si le mataban. «Me da escalofríos leer eso ahora». «Ya en la Comisión, «las preguntas eran inocuas» y tuvo que decirle al investigador qué debía preguntarle, «si no mucha cosas no hubieran salido a la luz». Por ello le consideran un «traidor», por «haber declarado la verdad en contra de lo que habían dicho otras personas». Vive en EEUU por las amenazas si regresa a su país.

De todo el entramado para cubrir la matanza ha dado cuenta también Douglas Cassel, que participó en la Comisión de la Verdad de la ONU, cuando ha apuntado que encontraron «pruebas tan abrumadoras y contundentes» de los intentos del Ejército por encubrir los asesinatos que «no había manera de refutarlo de ninguna manera». Un encubrimiento que partió tiempo antes cuando -por orden de Montano- la radio identificó a los jesuitas con los guerrilleros.

Lo que ocurrió es que «nunca se atrevieron a asesinar a los padres hasta el momento de la ofensiva del Frente, ahí vieron el momento decisivo en la guerra civil para tomar medidas nunca antes tomadas bajo la cubierta del conflicto en la capital. Podían asesinar a los padres y echar la culpa al FMLN».

Ayer también testificó Kate Doley, que ha destacado la «credibilidad» de los documentos desclasificados por EEUU que vertebran el informe que entregó en la Audiencia Nacional en el que concluía que la CIA conocía los planes de los militares. salvadoreños.

«Había pruebas tan contundentes que no había forma de refutarlo»