miércoles 27/10/21

Haití deposita su futuro en el mundo y pide a la ONU y EE UU que envíen tropas

En la sangrienta historia de Haití quedaban aún algunas líneas rojas que nadie se atrevía a cruzar. La última vez que un presidente fue asesinado ocurrió en 1915 y desató dos décadas de invasión estadounidense.

No había apetito para abrir las puertas a otra ocupación extranjera, tres años después de librarse de los cascos azules de la ONU que patrullaron el país durante más de una década. El viernes la historia volvió a repetirse cuando el Departamento de Estado confirmó que el precario Gobierno en pie tras el asesinato del presidente Jovenel Moise le ha pedido el envío de tropas para garantizar la estabilidad. También lo hizo a la ONU. La respuesta ha sido negativa en ambos casos.

Haití cruza así una de las últimas líneas tabúes que le quedaban.

El Estado más pobre del hemisferio occidental, marcado por una violencia salvaje que solo el mes pasado hizo huir de sus casas a 13.000 personas según la ONU, se asoma periódicamente al abismo. Y cuando parece que no puede caer más cerca del infierno, siempre ocurre algo tan impactante y estremecedor que obliga al mundo a fijarse de nuevo en un país en el que ha perdido la fe.

DEMASIADOS ENEMIGOS

A Moise no lo sacaron a palos de la embajada francesa y colgaron su cuerpo descuartizado sobre la verja, como hicieron con Vilbrun Guillane Sam en 1915, pero encontraron su cadáver torturado y con más de una docena de balas. Los atacantes, presuntamente un comando de mercenarios colombianos con dos haitianoamericanos que decían hacer de traductores, rociaron de balas la mansión para abrirse paso hasta sus aposentos, pero extrañamente nadie, absolutamente nadie, aparte de su esposa, resultó herido.

Moise tenía muchos enemigos. Desde que el año pasado disolvió el Parlamento gobernaba por decreto. En febrero, cuando sus críticos insistieron en que le tocaba dejar el poder aunque no se cumplían cinco años de su juramento en el cargo hasta el mismo mes que el año que viene, coordinó la detención de veintiún altos cargos, a los que acusó de estar involucrados en un intento de golpe de Estado que incluía su asesinato. Parece que se ha cumplido.

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