domingo 22/5/22
                      La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde. OLIVIER HOSLET
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde. OLIVIER HOSLET

Transitoria. Coyuntural. Está de paso. Es el mensaje que hasta hace pocas semanas mantenían los bancos centrales para justificar sus políticas monetarias ultraexpansivas. Las mismas que han ejercido de salvavidas para la economía global durante la pandemia. Pero la realidad se ha comido el discurso y los comandantes del control de precios se han visto obligados a recular. Siempre un paso por delante, la Reserva Federal estadounidense (Fed) ha sido la primera en adoptar un tono más agresivo, pero midiendo mucho para no asustar a los mercados.

El organismo presidido por Jerome Powell ha aprovechado su última reunión del año para anunciar que acelerará el ‘tapering’ (reducción de las compras de deuda) y el proceso de subida de tipos de interés. Está claro que la inflación ha pasado a ser el principal foco de preocupación, aunque la retirada de estímulos implique menos apoyo frente al impacto de la pandemia en la recuperación económica. La línea dura se impone y ya se esperan tres subidas de tipos en 2022, hasta un rango del 0,75%-1%; otras tres en 2023 (1,50%-1,75%), para cerrar 2024 entre el 2,00% y el 2,25%. «Parece que la decisión del miércoles fue un primer movimiento de la Fed para restaurar su credibilidad como institución gestora de la inflación», indica Christian Scherrmann, analista de DWS. «El repunte de la inflación en intensidad y duración por encima de estimaciones junto a la solidez del mercado laboral y las presiones salariales justifican la aceleración», indican desde el departamento de análisis de Bankinter.

Inglaterra y Noruega abren la veda Pero cuidado. Una rápida retirada de estímulos en otras regiones dejaría a Europa sola en el camino, consciente de que la subida de tipos aún no es una opción ante una recuperación más débil que al otro lado del Atlántico. El Banco de Inglaterra se sumaba ayer a la presión al decidir subir sus tipos de interés al 0,25%, el primer alza desde 2018 y un par de meses antes de lo esperado. A cambio, mantiene el volumen de sus programas de compra de deuda en 895.000 millones de libras (1,05 billones de euros).

Noruega también decidió ayer subir los tipos en 25 puntos básicos, al 0,5%. «Si hay perspectivas de una inflación alta persistente, los tipos se subirán más rápido», advierten desde la institución. Frente a estos movimientos, el BCE se resiste de momento a seguir sus pasos. Pero la reunión del organismo de este jueves ha dejado patente que la inflación también está impactando en las discusiones de su Consejo. En concreto, se confirma que el próximo marzo terminará el plan de compras de deuda.

La inflación fuerza a los bancos centrales a controlar los estímulos
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