viernes 20/5/22
Un hombre camina frente al mural del «Bloody Sunday». STRINGER

La creación hace cien años de Irlanda del Norte levantó un muro exterior con la vecina República de Irlanda y otro interior, separando dentro de la provincia británica a los dos grupos históricamente enfrentados, el unionista-protestante y el nacionalista-católico.

Un siglo después, la frontera entre las dos Irlandas es invisible gracias al proceso de paz lanzado en 1998, pero la división en el Ulster aún es muy visible, con barreras físicas, llamados eufemísticamente «muros de paz», construidas para evitar enfrentamientos en las zonas de intersección de las dos comunidades en momentos de tensión.

Como ahora, cuando los unionistas, leales a la corona británica y mayoría en la provincia, recuerdan este lunes el centenario de la partición de la isla en dos mitades, en un clima de incertidumbre y confusión porque sienten que el Brexit pone en peligro su preciada relación con el resto del Reino Unido.

Ese miedo casi atávico del unionismo, que se acompaña en ocasiones con la violencia, ya obligó a Londres a ceder a sus demandas tras perder la guerra de independencia (1919-1921) con los rebeldes nacionalistas liderados por el Ejército Republicano Irlandés (IRA). Inicialmente, el Gobierno británico ofreció a toda la isla un estado autonómico con un parlamento propio en Dublín, aunque integrado en el imperio, mientras que los protestantes del norte reclamaban dos jurisdicciones separadas, ante el temor de que el nuevo país se desligara definitivamente del Reino Unido con el paso del tiempo.

La solución fue la creación de Irlanda del Norte a partir de seis de los nueve condados del Ulster y del Estado Libre irlandés con 26 de mayoría católica, que se constituyó después como una república independiente de manera unilateral, tal y como habían previsto los unionistas. «Este lunes es el centenario de la partición de mi isla. Yo no quiero que siga dividida, quiero que sea una sola isla, donde nosotros mismos tomemos nuestras decisiones. Podemos sentarnos y dialogar», expone J.J. Magee, concejal en Belfast del partido Sinn Féin, antiguo brazo político de IRA. Este dirigente republicano representa a una zona del norte de la capital norirlandesa que el pasado mes sufrió los peores disturbios en años, con ataques de jóvenes unionistas a las fuerzas de seguridad y provocaciones hacia los vecinos de los barrios nacionalistas. Católicos y protestantes no llegaron al cuerpo a cuerpo porque lo impiden los «muros de paz», levantados tras el conflicto entre 1969 y 1998 que causó más de 3.500 muertos, la mayoría a manos del IRA. El repunte de la inestabilidad en la región se debe a la nueva «frontera económica» que ha impuesto el Brexit entre Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido, a través del controvertido Protocolo Irlandés firmado por Londres y Bruselas, diseñado para mantener abierta la frontera entre las dos Irlandas, pero impone controles comerciales fronterizos entre Irlanda del Norte, integrada en el mercado único comunitario, y Escocia, Gales e Inglaterra, lo que es percibido como una amenaza a la integridad territorial por parte de los unionistas.

Además, ha ganado impulso en los últimos años el objetivo histórico de los nacionalistas, con el Sinn Féin a la cabeza, de lograr la reunificación de Irlanda a través de un referéndum, tal y como contempla el acuerdo de paz del Viernes Santo (1998). ¿Facilitará el Brexit la salida de Irlanda del Norte del Reino Unido? No, porque está causando más divisiones entre los norirlandeses. Si la región está dividida, esos esfuerzos no lograrán una Irlanda unificada, solo conseguirán más problemas y más violencia», sostiene Beattie. El unionista cree que los «muros de paz» caerán cuando desaparezca el sectarismo y las comunidades logren reconciliarse plenamente.

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