sábado. 25.06.2022

Han pasado ya 110 días desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania, el pasado 24 de febrero, y los feroces combates continúan. Sobre todo en el Donbás, donde el Ejército del Kremlin intenta echar los restos en Severodonetsk, el último bastión que controla Kiev en la región, para lograr su principal objetivo: establecer una conexión terrestre desde el este del país invadido hacia la península de Crimea (anexionada en 2014), pasando por zonas como Jersón y Mariúpol, controladas por Moscú.

La larga contienda hace mella en las cada vez más debilitadas defensas ucranianas —el Gobierno confirmó la pérdida de 10.000 soldados propios y 32.000 bajas rusas—, cuyas tropas se están quedando prácticamente sin municiones. Así lo relataba el viernes el ‘número dos’ de la Inteligencia militar de Kiev, Vadim Skibitski, tras señalar que su Ejército dependerá exclusivamente de la ayuda militar internacional. «Esto se ha convertido en una guerra de artillería y estamos perdiendo», admitió.

Una afirmación que aporta una dosis de realidad y que disminuye el ánimo de los militares que combaten en el frente. Aun así, las defensas resisten los embates rusos. En Severodonetsk, el epicentro de la confrontación del Donbás, se produjeron «fuertes batallas callejeras», subrayó el alcalde de la ciudad, Alexander Striuk, quien detalló que las Fuerzas Armadas ucranianas aún controlan un tercio de la urbe. «Se ha construido una línea de defensa y las operaciones militares continúan para hacer retroceder al Ejército ruso», explicó el regidor.

Entre las zonas más golpeadas se encuentra la planta química de Azot, cuyo alrededor «fue bombardeado tanto desde el aire como con artillería pesada. Ayer explotó un taller de procesamiento de amoníaco y un almacén con productos químicos, ha estado ardiendo durante un día», detalló Striuk.

Por segunda vez desde el inicio de la guerra un complejo industrial de gran magnitud se ha convertido en uno de los últimos bastiones defensivos de las fuerzas ucranianas.

Tal y como pasó previamente con la planta metalúrgica de Azovstal, en Mariúpol, ahora se repite la historia con Azot, en Severodonetsk. En este caso, alrededor de 400 combatientes y 500 civiles están refugiados en las instalaciones, según estima el embajador ruso de la autoproclamada república de Lugansk, Rodion Miroshnik, quien afirmó que «se ha establecido contacto con los combatientes y han empezado las negociaciones para la salida segura de los civiles» de la planta.

¿Y del resto de la localidad? La situación humanitaria es «casi crítica», advirtió el alcalde. Los bombardeos han destruido las edificaciones de un tercio de los barrios y hay alrededor de 10.000 ciudadanos. «La evacuación es imposible» debido a los continuos ataques rusos, sobre todo desde el aire. Striuk afirmó que el principal problema del Ejército en la ciudad es la falta de defensa aérea y artillería. Por ello, Alemania ha dado un paso más en su apoyo al Gobierno de Volodímir Zelenski.

El embajador ucraniano en Berlín, Andrii Melnik, adelantó que el canciller germano, Olaf Scholz, le ha prometido sistemas de misiles IRIS-T, capaces de proteger un área del tamaño de Kiev. En este tipo de defensa se destinarán mil millones de euros, previstos en el presupuesto del Ministerio de Defensa alemán.

Kiev resiste apenas sin armas la ofensiva rusa