domingo. 04.12.2022

Kim Jong-un se suma a la amenaza nuclear y lanza un misil sobre Japón que hace sonar al alarmas antiaéreas

Ciudadanos japoneses se ponen a refugio en edificios o bajo tierra y la base de Guam, en alerta

Entre la pandemia de la covid y la guerra de Ucrania hace ya casi tres años que nadie la presta apenas atención a Kim Jong-un. Para volver a captar el interés de la comunidad internacional, y sobre todo de Estados Unidos, Corea del Norte escaló ayer un grado en su ya tradicional «diplomacia de los misiles». Después de disparar siete proyectiles de corto alcance desde el 25 de septiembre, el régimen comunista de Pyongyang subió su apuesta con un misil que atravesó Japón y voló 4.600 kilómetros antes de caer en el océano Pacífico.

De todos los proyectiles lanzados por Corea del Norte hasta ahora es el que ha recorrido la mayor distancia y, si hubiera sido disparado en otra dirección, podría haber llegado hasta la isla de Guam, importante enclave militar de EE UU en el Pacífico.

Todo ello sin contar el miedo que metió en el cuerpo a los japoneses. En Hokkaido, la isla más al norte del archipiélago nipón y fronteriza con Rusia, se despertaron con el sonido de las alarmas antiaéreas y mensajes en los móviles apremiando a cobijarse en los refugios. Pero la alerta no se debía a un ataque de Rusia en medio del revuelto clima internacional, sino a un misil de Corea del Norte.

Según informa la agencia de noticias Kyodo, un proyectil balístico de rango intermedio (IRBM, en sus siglas en inglés) atravesó el norte de Japón durante un minuto a las 7:30 horas (0:30 hora peninsular española), desatando el miedo en Hokkaido y Aomori, la prefectura más septentrional en la isla principal de Honshu. Tal y como detectó el Alto Mando Conjunto de Corea del Sur y Estados Unidos, el misil norcoreano fue lanzado desde Mupyong-ri, en la provincia norotiental de Jagang, a las 7:23 horas, según la agencia Yonhap. Veintiún minutos más tarde, y tras cruzar los cielos de Japón, caía al océano Pacífico después de recorrer unos 4.600 kilómetros y elevarse 970 kilómetros sobre la atmósfera a una velocidad máxima de mach 17, o lo que es lo mismo, 17 veces más rápido que la velocidad del sonido.

Con esta nueva provocación, que vuelve a violar las resoluciones de la ONU, Kim Jong-un redobla su reacción a las maniobras militares que llevaron a cabo la semana pasada Corea del Sur y EE UU, en las que participó el portaaviones Ronald Reagan, y al ejercicio trilateral antisubmarino en el que también intervino Japón. Además, la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, viajó la semana pasada a Corea del Sur, donde visitó la Zona Desmilitarizada del Paralelo 38 que hace de frontera con el Norte.

A pesar de la frecuencia con que Pyongyang suele lanzar sus proyectiles, se trata de una escalada por el peligro que entraña atravesar el cielo de Japón, con la consiguiente amenaza para su población.

En respuesta, Corea del Sur y Estados Unidos desplegaron cuatro cazas F-15K y otros cuatro F-16 que bombardearon a modo de ensayo un objetivo en una isla deshabitada del mar Amarillo. Mientras el presidente surcoreano, Yook Suk-yeol, amenazaba con endurecer las sanciones a Pyongyang y la Casa Blanca condenaba la prueba, el primer ministro de Japón, Fumio Kishida, expresaba su más «enérgica protesta» contra esta provocación, que calificó de «intolerable». En Corea del Sur, el Alto Mando Conjunto reforzó «la vigilancia y el ejército se mantiene totalmente preparado en estrecha colaboración con EE UU», informa Yonhap.

Tras la escalada que supone disparar un misil sobre Japón y poner a tiro la base militar de EE UU en Guam, Washington, Seúl y Tokio temen que el siguiente paso de Kim Jong-un sea llevar a cabo un nuevo ensayo nuclear, el séptimo.

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