martes 17/5/22

El Reino Unido asiste atónito a una sucesión de revelaciones que dejan claro que mientras el país bregaba con las peores olas de la pandemia, los sacrificios que se exigían a la población eran observados con mucho mayor laxitud —por decirlo suavemente— en Downing Street, la residencia del primer ministro.

El primer ministro Boris Johnson se halla a un paso del abismo tras conocerse que las fiestas y reuniones sociales, siempre regadas con alcohol, no pararon en Downing Street ni siquiera en los momentos más lúgubres de la covid. Una semana devastadora para Johnson lo ha dejado contra las cuerdas, incluso en sus propias filas. Solo el último truco de un prestidigitador acreditado como el líder conservador podría sacarlo de una situación que ha indignado a todo el país.

Si los últimos meses de 2021 ya habían sido complicados para él, con escándalos por corrupción y desgobierno, ha sido el llamado Partygate (el escándalo de las fiestas) lo que amenaza con derribar un gobierno que aún goza de una vasta mayoría parlamentaria y, hasta hace no tanto, del respaldo de buena parte de la población.

La evidencia de que Downing Street era escenario de celebraciones, en las que hasta llegó a participar el primer ministro en al menos una ocasión, ha obligado a Johnson a pedir disculpas en el Parlamento, y también directamente a la reina Isabel II por dos festejos que tuvieron lugar en pleno luto nacional por su marido, Felipe. El presidente del Partido Conservador, Oliver Dowden, reconoció este domingo que «debe abordarse la cultura» imperante en la sede del Ejecutivo. Fue bajo el mandato de David Cameron cuando se instauró la tradición de cerrar la semana con el «vino de los viernes», pero la costumbre perduró durante la covid.

Londres nunca dejó de ser una fiesta (al menos en Downing Street)
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