jueves 26/5/22

«En Járkov, ningún ucraniano sabe si mañana seguirá vivo», dice Lilia, que se rompe en mil pedazos al pronunciar estas palabras. Su llanto desconsolado resuena por el andén del metro de la ciudad, donde ha estado escapando durante dos meses de la muerte, que cada día aparece en la superficie, en frente de alguno de los miles de habitantes que todavía permanecen en esta disputada localidad. «Estoy agotada», dice esta veinteañera desde el interior de la estación de metro de Kyivska, en el centro de Járkov.

Esta ciudad, la segunda más importante de Ucrania, ha sido una de las más castigadas durante la guerra y, ahora, es el escenario de una ofensiva de las tropas rusas que se recrudece día a día. Las decenas de miles de habitantes que no han podido huir son los que más sufren las consecuencias. En los últimos dos días, al menos 14 personas han perdido la vida en los intensos bombardeos y disparos de artillería que casi cada minuto hacen temblar esta ciudad, tan codiciada por los rusos en su empresa por tomar el control del este de Ucrania. Como Lilia, decenas de miles de personas viven en la treintena de estaciones de la red de metro de Járkov, ahora convertido en un gran refugio antiaéreo al que los más pequeños llaman «casa». En el andén hay plantadas decenas de tiendas de campaña, mantas y sillas. La estación de Kyivska se ha convertido en un teatro de emociones que abarcan desde el llanto más desconsolado de un adulto hasta la carcajada más inocente de un niño. «Estamos asustados desde el primer día, pero intentamos apoyarnos el uno al otro para no perdernos en nuestra miseria. Nos está costando mucho aguantar físicamente, pero sobre todo psicológicamente», asegura Alina mientras trata de consolar a su amiga Lilia con caricias en el hombro. La pesadilla de Járkov está lejos de llegar a su fin. Según el portavoz del Ministerio de Defensa ucraniano, Oleksandr Motuzyanyk, las tropas rusas están reforzando sus posiciones con más brigadas y más lanzacohetes, mientras que las fuerzas ucranianas están perdiendo fuelle.

La muerte y la incertidumbre rondan la superficie de Járkov
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