miércoles. 01.02.2023
Robertson dejará la organización tras el «test» de Irak, del que depende el futuro de la organización

El secretario general de la OTAN anuncia su dimisión a finales de año

George Robertson, secretario general de la Alianza Atlántica, anunció ayer por la mañana su propósito de dimitir de su cargo a finales de este
Robertson, que tiene 55 años, está lejos de haber alcanzado la cima de sus capacidades. Al frente de la Alianza Atlántica, y tras suceder a Javier Solana, este lord británico ha tenido que lidiar asuntos muy complicados, como la transformación de la OTAN y su adaptación a las nuevas exigencias del siglo XXI, el refuerzo de las relaciones con Rusia y Ucrania, la estabilización de los Balcanes occidentales o el anclaje de la Defensa Europea en el seno de la OTAN, a través de los acuerdos con la UE recientemente suscritos gracias al visto bueno de Turquía. Durante su mandato, la OTAN ha vivido crisis casi calientes o momentos de gran tensión, a causa de Montenegro, el sur de Serbia y Macedonia. Pero, y por encima de todo, Robertson ha tenido que luchar con una creciente impresión de desenganche táctico de EE.UU. y Europa. Sus notorios esfuerzos por dar a la OTAN un papel en el combate contra el terrorismo internacional, tras los atentados del 11-S, se vieron coronados por resultados de escasa entidad: una fronda de comunicados enérgicos contra el terrorismo y el envío a EE.UU. de radares volantes AWACS, de alerta temprana, para sustituir a los aparatos de este géneros enviados por Washington a Afganistán. La deriva de los acontecimientos, esas experiencias aparentemente frustrantes para él, habían llevado al secretario general de la OTAN a insistir, casi a diario, en la necesidad de que Europa se suba al tren tecnológico para salvar el abismo, creciente, de los potenciales bélicos norteamericanos y europeos.

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