martes. 28.06.2022

«Comemos perros, no hay nada más que comer. Hoy nos comimos una Yorkshire Terrier», afirma un soldado ruso en una conversación de WhtasApp que ha publicado en las últimas horas el SBU, los servicios secretos ucranianos. En la charla intervenida por los agentes de Kiev, los militares ocupantes agregan que están pasando hambre porque sus columnas carecen de una mínima logística y los alimentos «simplemente no se pueden entregar». «Esto no sale en la televisión», lamenta.

Esta conversación, grabada cerca de la ciudad ucraniana de Jerson, forma parte de las decenas de intervenciones telefónicas que el SBU está difundiendo en las redes sociales para mostrar una imagen de los soldados rusos que no tiene nada que ver con la propaganda de un ejército victorioso.

Según los audios, los textos y los interrogatorios a prisioneros que desvela la inteligencia ucraniana, las fuerzas de Putin se encuentran al límite de sus energías, carentes de material, de moral y de la mínima capacidad de supervivencia. En la información divulgada por los servicios secretos se habla de motines, de autolesiones para no ir a la batalla y de graves deficiencias del equipamiento. Y también de una peligrosa psicosis de guerra en la que las atrocidades y las violaciones son diarias.

El escuadrón suicida

«Tenemos un grupo que le llamamos el escuadrón suicida», revela a su pareja un soldado que ha luchado en Járkov en una de las comunicaciones, en la que relatan cómo entran en los edificios civiles de las ciudades ucranianas. «Limpiamos los sótanos. ¿Sabes cómo? No preguntamos quién está ahí y lanzamos granadas. Nos importa un carajo».

En la charla, la mujer se escandaliza al escuchar esa forma de proceder, pero el novio intenta calmarle y le asegura que es una práctica común. El militar, entonces, relata cómo algunos de sus compañeros, cerca de allí, atraparon a una mujer y luego la violaron. Los familiares, en otras ocasiones, intentan animar a los soldados que dudan ante las barbaridades que ven en las ciudades ocupadas. «Nuestros chicos solían hacerlo a diario», afirma otro militar que asistió al asesinato de una madre delante de sus dos hijos. «Por supuesto, ella... es también un enemigo», le responde su esposa.

En otras charlas, el desánimo se evidencia en las necesidades de escaparse de una guerra en la que, según las cifras ucranianas, han fallecido 26.500 soldados invasores y, según Rusia, 1.350. «Nos están rodeando y cada día es más duro. Además, carecemos de refuerzos», explica un militar a un compañero por teléfono. «Lo que tienes que hacer es recoger armas extranjeras, ucranianas, y dispararte en los pies», le aconseja para evitar seguir en el frente.

En otras comunicaciones, dos soldados discuten sobre el miedo a avanzar con los blindados hacia el campo de batalla. Uno de los interlocutores le da un consejo, que sabotee su propio tanque, tal y como hacen en otras unidades. «Los combatientes están llenando de arena el sistema de combustible para no atacar. Y yo no sigo órdenes estúpidas, simplemente, me niego. El hijo de puta (asegura en referencia a su comandante) me mandó con los tanques. Y yo lo jodí, eso es todo», comenta el soldado.

SOLDADOS MUERTOS APILADOS

Las conversaciones difundidas por el SBU también ponen énfasis en la falta de material de los soldados rusos, que en ocasiones llegan a pedir dinero a su familia para poder comprarse chalecos antibalas o cascos blindados. «Lo que llevamos puesto ahora da miedo. Es difícil poder decir que estamos equipados», se queja un militar a su madre, al tiempo que le ruega ayuda para comprarse su propio material de protección. Un tipo de conversación que se repite. «Tenemos que luchar sin nada. No tenemos nada. Todo ha sido bombardeado», se queja. Este militar ruso, destinado en el área de Kherson, asegura que la incompetencia de sus mandos les ha dejado sin material. «Cuando llegamos vimos que la base era una mierda. Se trataba de un cementerio de helicópteros después de que hubiera sido bombardeada por los lanzacohetes Grad del enemigo».

En una de las charlas más estremecedoras, un soldado le describe a su esposa un depósito de cadáveres de rusos que luchan en la zona de Donetsk. «Esto no es una morgue, es un vertedero, un auténtico vertedero. Miles (de cadáveres) son llevados allí y las pilas de cuerpos alcanzan la altura de un hombre». El interlocutor revela la corrupción de los encargados de la seguridad de ese campo, que cobran a los familiares por encontrar los restos de sus allegados. Él lo comprobó cuando acudió con otro soldado que estaba intentando localizar a su hermano, muerto en combate.

Soldados rusos: «Comemos perro, no hay nada más»
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