lunes. 08.08.2022

La crisis en la que está sumida Sri Lanka continúa agravándose. El presidente, Gotabaya Rajapaksa, abandonó el país el martes por la noche rumbo a las vecinas Islas Maldivas. Tanto el presidente como el primer ministro, Ranil Wickremesinghe, prometieron la semana pasada presentar su dimisión y dejar paso a un Gobierno de unidad pero aún no han renunciado de forma oficial. De hecho, antes de abandonar el país, Rajapaksa nombró a Wickremesinghe presidente interino, lo que provocó una oleada de indignación que llevó a miles de manifestantes a irrumpir en la oficina del primer ministro, exigiendo su marcha.

Ante la gravedad de la situación, Wickremesinghe decretó el estado de emergencia en la isla y declaró un toque de queda indefinido en la provincia occidental, donde está la capital, Colombo. Wickremesinghe instó a las fuerzas de seguridad del país a hacer lo necesario para «restaurar el orden» y acabar con la «amenaza fascista» a raíz de la fuerte ola de protestas.

Confirmó, asimismo, la creación de una comisión formada por tres comandantes de las Fuerzas Armadas y el inspector general de la Policía, quienes han dado autorización a tomar las medidas pertinentes para frenar el avance de los manifestantes. La Policía empleó gas lacrimógeno para dispersar a la multitud. Los protestantes, no obstante, lograron irrumpir en la oficina del primer ministro, aunque este no se encontraba en el interior en ese momento.

Se replicaron así las surrealistas imágenes difundidas el pasado sábado, cuando cientos de manifestantes entraron en el palacio presidencial, en las que se puede ver a ciudadanos disfrutando de la piscina y el gimnasio del presidente o, ahora, con los pies apoyados en la mesa de trabajo del primer ministro.

Con su fuga se pone fin a una dinastía familiar.

Sri Lanka declara el estado de emergencia tras la huida de su presidente
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