martes 24/5/22

Las tropas rusas intentan aniquilar los focos de resistencia que impiden tomar Mariúpol

Moscú utiliza armas de precisión de largo alcance lanzadas desde aviones para golpear de nuevo Kiev y Lviv
                      Militares ucranianos en Kharkiv, al noreste de Ucrania, bombardeada por la artillería rusa. ROMAN PILIPEY
Militares ucranianos en Kharkiv, al noreste de Ucrania, bombardeada por la artillería rusa. ROMAN PILIPEY

Rusia continuó ayer intentando aplastar los últimos focos de resistencia ucraniana en la estratégica ciudad de Mariúpol, a orillas del mar de Azov, considerada clave para la marcha de la guerra en Ucrania que el Kremlin lanzó el pasado 24 de febrero.

«No es una tarea fácil: los miembros del ejército regular (ucraniano), los infantes de marina, que estaban dispuestos a entregarse ya lo hicieron», afirmó el líder de la autoproclamada república popular de Donetsk, el prorruso Denis Pushilin, en declaraciones al canal de televisión ruso Rossía-24.

Pushilin añadió que los miembros de los batallones nacionalistas que permanecen en Mariúpol «no tienen la intención de rendirse y, por tanto deben ser aniquilados».

Las milicias de la RPD, reconocida por Moscú como Estado independiente, participan junto con las tropas rusas en la batalla por hacerse con el control total de Mariúpol, ciudad en el sur de la región de Donetsk.

Según las autoridades locales, unos 20.000 civiles podrían haber muerto en la ciudad, donde aún permanecen unas 100.000 personas en condiciones de precariedad extrema.

Después de la retirada a finales de marzo de las tropas rusas de la región de Kiev y Chernígov, presentada por Rusia como un gesto de desescalada y por Ucrania como el resultado de la resistencia encarnizada de su Ejército, el peso de la campaña militar se ha trasladado al Donbás, a las regiones orientales de Ucrania.

Analistas militares de distinto signo coiciden en que hay indicios de que Rusia prepara una gran ofensiva en el Donbás, donde Ucrania mantiene una fuerza de más de 40.000 hombres.

Ante esta situación, el Gobierno de Kiev ha redoblado su peticiones de armamento pesado a sus socios occidentales, en particular a los países europeos.

«Ucrania necesita armas. No en un mes, ahora», escribió ayer en Twitter el asesor de la Presidencia ucraniana Mijailo Podolyak, quien admitió que la Unión Europea proporciona armas, «pero no las que les hemos pedido».

Mientras, en los últimos días el Ejército ruso ha ampliado la geografía de sus ataques aéreos y reanudado el lanzamiento de misiles contra objetivos en la capital ucraniana.

«Con armas de precisión de largo alcance emplazadas en aviones fueron destruidas las naves de una fábrica de tanques en Kiev y un taller de reparaciones de armamento pesado en Mykolaiv», dijo el portavoz del Ministerio de Defensa de Rusia, general Ígor Konashénkov. El militar añadió que fueron destruidas con misiles de alta precisión un total de 16 instalaciones del Ejército ucraniano en varias regiones del país. Entre los objetivos destruidos mencionó dos depósitos de cohetes en la región de Mykolaiv, en el sur de Ucrania. Konashénkov añadió que en la región de Poltava, en el noreste del país, fue destruido un almacen de medios de comunicación y radares, así como un depósito de misiles antiaéreos del Ejército ucraniano.

Como es habitual, el portavoz ruso no comunicó bajas entre los efectivos que combaten en Ucrania. Desde el comienzo de la llamada ‘operación militar especial’ en Ucrania el Misterio de Defensa de Rusia ha informado de bajas mortales acumuladas en solo dos ocasiones: el pasado el 2 de marzo, cuando cifró las muertes en sus filas en 498, y el 24 de mismo mes, cuando las elevó a 1.351.

Según las autoridades ucranianas, la bajas mortales de Rusia en 52 días de campaña militar ascienden a unas 20.000, cifra que supera la de las pérdidas del Ejército soviético en los diez años que duró la guerra de Afganistán.

Ucrania no reveló, por considerarlo secreto de Estado, el número de bajas propias hasta anoche, cuando el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, dijo que han muerto entre 2.500 y 3.000 soldados, y otros 10.000 han sido heridos.

De los heridos —admitió Zelenski en una entrevista con el canal norteamericano CNN—, es difícil decir cuántos sobrevivirán.

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