martes 24/5/22
Imagen de Luis Almagro, reelegido secretario general de la OEA.

La reelección de Luis Almagro como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) supone un respaldo a las políticas impulsadas por EE.UU. contra el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y reduce las opciones para el diálogo en una región cada vez más polarizada.

El día después de la elección de Almagro como secretario general hasta 2025 deja un panorama claro: menos diálogo, más retórica y la OEA como una «caja de resonancia» de las políticas internas de cada país y en la que Washington espera seguir «dirigiendo la orquesta», valoraron en declaraciones a Efe varias fuentes diplomáticas.

Almagro llegó a la OEA en 2015 aupado por la izquierda uruguaya del expresidente José Mujica (2010-2015) y con el aplastante apoyo de 33 de los 34 países del organismo. Enseguida, su dura retórica contra Maduro generó desconfianzas, especialmente entre algunos países del Caribe que tienen buena relación con Caracas, y su apoyo fue menguando, aunque sigue siendo significativo como muestran los 23 votos que obtuvo este viernes.

Diez sufragios fueron a parar a la excanciller ecuatoriana María Fernanda Espinosa, que recibió el respaldo de los Gobiernos izquierdistas de Argentina y México, mientras que su candidatura fue impulsada por Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas, dos de los países caribeños más cercanos a Maduro.

En declaraciones a Efe, el experto en política latinoamericana Bruno Binetti explicó que una victoria de Espinosa habría sido leída como un «triunfo diplomático» para Maduro, ya que habría servido para aliviar su aislamiento y hubiera supuesto un golpe para el líder opositor venezolano Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de Venezuela por medio centenar de naciones.

Algunos sectores de la política de la derecha latinoamericana se esforzaron en retratar a Espinosa como la «opción bolivariana»; pero, a juicio de Binetti, ese calificativo es «exagerado», puesto que ni siquiera recibió el respaldo de la figura izquierdista más importante de su país, el expresidente Rafael Correa (2007-2017).

El Gobierno ecuatoriano de Lenín Moreno, en el que Espinosa ejerció de canciller, tampoco apoyó su candidatura y se decantó por Almagro. «Para Almagro y su gente, la elección era entre Maduro o Almagro», resumió Binetti, quien consideró que ese «escenario de polarización» fue lo que convenció a Perú para retirar a su candidato, el diplomático Hugo de Zela, que había abogado por una vía institucional favorable al diálogo.Como se demostró durante la campaña, la OEA es un reflejo del mapa ideológico de las Américas.

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