martes 31.03.2020

Trump y los talibanes ponen fin a la guerra más larga de EE UU

El Gobierno estadounidense y sus más acérrimos enemigos firman la paz el sábado en Doha
Los Trump, el primer ministro indio Narendra Modi, Ramnath Kovind y su mujer ayer, en Nueva Delhi.
Los Trump, el primer ministro indio Narendra Modi, Ramnath Kovind y su mujer ayer, en Nueva Delhi.

El Gobierno de Donald Trump y los talibanes firmarán el sábado en Doha un acuerdo destinado a poner fin a la guerra más larga de la historia de EE UU y que definirá el futuro del pueblo afgano, atrapado en una espiral de violencia.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, ofreció detalles del texto que su Gobierno ha estado negociando con los insurgentes desde hace más de un año.

Pompeo enfatizó que Estados Unidos solo firmará un pacto si los talibanes cumplen su promesa de reducir la violencia durante siete días.

Ese periodo de disminución de las hostilidades comenzó el pasado sábado y, de momento, la Administración Trump considera que se está cumpliendo a pesar de que medios afganos aseguran que los insurgentes han atacado puestos de control de las fuerzas de seguridad afganas.

Los talibanes se han comprometido a detener los ataques suicidas, el lanzamiento de cohetes y los asaltos a convoyes.

El sábado, Trump podrá decir que ha cumplido con una de sus promesas de campaña e iniciado el camino para sacar a las tropas estadounidenses de una de las «guerras interminables» de EE UU en Oriente Medio.

El Pentágono rechazó detallar cuál es el plan para retirar a los alrededor de 13.000 efectivos que permanecen en Afganistán. Esos soldados cumplen una doble misión: ayudan a las fuerzas afganas a combatir a los talibanes y efectúan operaciones antiterroristas contra el Estado Islámico (EI) y Al Qaeda.

Oficialmente, EE UU no ha explicado si retirará a todas sus tropas de Afganistán, pero este mes el secretario de Defensa, Mark Esper, ofreció una pista: explicó que el Gobierno podría dejar en Afganistán a solo 8.600 soldados para seguir con la ofensiva contra el EI y Al Qaeda.

A cambio de una eventual retirada de tropas estadounidenses, los talibanes se han comprometido a evitar que Afganistán sirva de refugio para grupos terroristas, tal y como ocurrió con Al-Qaeda y Osama Bin Laden, que supuestamente usó el país asiático como base de operaciones para los atentados del 11 de septiembre.

Todavía está por ver si la cúpula insurgente tiene autoridad sobre sus soldados desplegados en el terreno. Además, en los últimos años, algunos de los insurgentes se han unido a las filas del EI, lo que podría generar confusión sobre quiénes son los autores de los atentados e impedir cualquier proceso de paz.

Los talibanes han asegurado que la firma del acuerdo permitirá la puesta en libertad de 5.000 prisioneros insurgentes encarcelados en prisiones gubernamentales en Afganistán. En contrapartida, la formación liberará a 1.000 miembros de las fuerzas de seguridad afganas actualmente en cautividad.

La clave para la paz en Afganistán depende de los talibanes y del Gobierno afgano. Durante años, la organización insurgente se ha negado a dialogar directamente con el Ejecutivo afgano, al que considera un títere de EE UU. Pero, como parte del acuerdo con Washington, está previsto que las dos partes afganas se sienten a negociar el 10 de marzo en Oslo.

A pesar de esos esfuerzos, el proceso de paz podría verse truncado antes de empezar por la crisis política que vive Afganistán a raíz de los resultados de las elecciones presidenciales del pasado septiembre, lastradas por los errores técnicos y acusaciones de fraude.

La semana pasada, el actual presidente afgano, Ashraf Ghani, fue declarado ganador de los comicios; pero el segundo candidato más votado y jefe del Ejecutivo, Abdullah Abdullah, ha rechazado el recuento.

EE UU no se ha posicionado a favor de ninguno y este martes pidió a los políticos afganos unidad para negociar con los talibanes.

ABANDONADAS A SU SUERTE

El acuerdo entre Washington y los talibanes no incluirá ninguna garantía para proteger los derechos y libertades civiles de las mujeres afganas, que durante el régimen talibán tuvieron prohibido ir a la escuela, trabajar o participar en la política.

La Administración de George W. Bush (2001-2009) y la de Barack Obama (2009-2017) establecieron que cualquier pacto con los talibanes incluiría garantías para los derechos de las mujeres afganas; pero Trump considera que ese tema es un asunto interno de Afganistán.

«EE UU dejará a los afganos liderar ese proceso y ellos llegarán a una solución», zanjó Pompeo.

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