martes. 29.11.2022

La cumbre de Glasgow convoca a los mayores productores de emisiones de CO2, responsables del calentamiento del planeta, a comprometerse con acciones inmediatas que permitan revertirlo, al tiempo que rubrica un año marcado por un clima extremo sin precedentes, en el que tormentas y olas de calor masivas han provocado inundaciones e incendios forestales generalizados en el mundo.

Se da cita un asombroso y dispar grupo de personalidades como el experto en cambio climático Saleemul Huq, director del Centro Internacional para el Cambio Climático en Bangladesh, asiduo a una cumbre que ha calificado como «circo de varias pistas».

En una de ellas, a puerta cerrada, el círculo más íntimo de los diplomáticos con distintivo azul debate la redacción de una declaración pública final con las decisiones reales alcanzadas. En otras instancias, la industria del cambio climático tratará de asegurar su posición óptima en la mesa de transición. En un circuito más público se celebran importantes manifestaciones por parte de grupos de presión, activistas y manifestantes que contarán con la presencia de líderes juveniles del clima y algunas celebridades, que se verán apoyadas por varias huelgas de trabajadores sindicales de Escocia.

El presidente de EE UU, Joe Biden, llega con la credibilidad algo mellada tras no haber conseguido aprobar su propia legislación en casa.

La UE ha pedido un escrutinio de la industria petrolera, descubierta en sus mentiras, similar al que se aplicó a la tabaquera en los años ochenta. Una investigación de grupos y ONG medioambientales revela que desde 2015 los seis gigantes del petróleo y el gas han celebrado 568 reuniones con altos funcionarios de la Comisión Europea en Bruselas, el organismo de la UE que redacta la legislación sobre clima y energía.

La UE pide un escrutinio de la industria petrolera similar al que se aplicó al tabaco
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