viernes. 09.12.2022

La violencia estalla en Jerusalén entre palestinos y la Policía israelí

Cientos de heridos en una escalada de tensión que EE UU atribuye a la «colonización y terrorismo»
Policías israelís frente a palestinos en la Puerta de Damasco ABIR SULTAN

La vuelta a la normalidad tras la vacunación masiva ha sido también un despertador para el regreso de la violencia a las calles de Jerusalén. Durante el Ramadán, que concluye la próxima semana, se han abiertos tres frentes —en la Puerta de Damasco, el barrio de Sheikh Jarrah y en la Explanada de las Mezquitas— que han dejado ya cientos de heridos, decenas de detenidos y recuerdan que el conflicto estaba aletargado, nunca solucionado.

Tan solo en la noche del último viernes del mes sagrado del ayuno 205 palestinos y 17 policías israelíes resultaron heridos en unos choques que incluyeron un asalto policial a la mezquita de Al-Aqsa, algo que no se producía desde 2017, y el centro médico situado dentro del complejo religioso.

Las fuerzas de seguridad elevaron el estado de alerta durante todo el fin de semana y reforzaron su despliegue, ya que decenas de miles de musulmanes estaban llamados al rezo en la Explanada en la ‘Noche del Destino’, la más importante del Ramadán. Después comienza el Día de Jerusalén, en el que los israelíes celebran la conquista de la parte oriental de la ciudad en 1967. Estados Unidos se mostró «profundamente preocupado» por la situación e instó a ambas partes a evitar medidas que «exacerben las tensiones o alejen aún más la paz», como las «actividades de colonización, las demoliciones de casas y los actos de terrorismo».

La crónica de este mes de violencia arrancó en la Puerta de Damasco, acceso principal al barrio musulmán de la Ciudad Vieja y epicentro de la vida social palestina, que permaneció vallada durante las primeras trece noches del Ramadán. El Ejército impedía a las familias sentarse allí y cada noche había choques hasta que retiraron el vallado sin dar explicación alguna y el lugar recuperó su aspecto tradicional. «Fue una pequeña victoria que nos dio mucha moral y nos recordó que si estamos unidos podemos conseguir cosas», asegura Mahmoud Muna, analista palestino y responsable de la Educational Bookshop, librería de referencia sobre el conflicto en la Jerusalén Este.

Esa ‘moral’ se contagió al cercano barrio de Sheikh Jarrah, situado a unos minutos a pie de la Ciudad Vieja y donde cincuenta residentes palestinos serán desalojados esta semana de sus viviendas para dejarlas en manos de una asociación ultranacionalista judía. Desde hace una década hay una manifestación semanal para frenar los desalojos de esta parte, pero nunca como ahora las protestas habían tenido tanto eco.

Según la ley israelí, si los judíos prueban que su familia vivía en Jerusalén Este antes de la guerra de 1948 pueden pedir que les sean restituidos sus «derechos de propiedad», algo que no pueden hacer los palestinos que perdieron sus posesiones en la parte occidental. Según detalló el diario ‘Haaretz’, en 1876, las comunidades sefardíes y asquenazíes compraron tierras cerca de la tumba de Simón el Hasídico o Simón el Justo, sumo sacerdote del Segundo Templo, y fundaron allí un pequeño barrio.

En la guerra de 1948 los judíos huyeron y en 1956 Jordania levantó en esa tierra veintiocho pequeñas viviendas para refugiados palestinos expulsados de sus casas por Israel. 145 años después, la compañía estadounidense Nahalat Shimon International, vinculada al movimiento colono, ha logrado comprar la tierra a los descendientes de quienes la adquirieron hace 145 años y llevaron el caso a la Justicia para pedir el desalojo de los palestinos. El partido ultranacionalista Sionismo Religioso decidió abrir allí una oficina para mostrar su solidaridad con los colonos.

«Lo que vemos en Sheikh Jarrah es parte de una estrategia que persigue judaizar Jerusalén Oriental. Somos víctima de una limpieza étnica», denuncia el diputado palestino de la Knesset Ofer Cassif, a quien hace un par de semanas golpearon las fuerzas de seguridad en una movilización contra el desalojo. Desde Naciones Unidas llamaron a Israel a frenar los desalojos y recordaron que ya son más de 3.500 los colonos que viven dentro de los barrios árabes con pleno apoyo del Gobierno.

El último de los frentes abiertos fue la Explanada de las Mezquitas. Miles de fieles se quedaron en el lugar santo tras la oración nocturna del viernes en señal de solidaridad con las familias de Sheikh Jarrah. Pronto empezaron los choques y la Policía respondió con granadas paralizantes, gases lacrimógenos y balas de goma en una batalla campal que se extendió al interior de la mezquita de Al-Aqsa.

El grupo islamista Hamás, cuyas banderas verdes se pudieron ver en la Explanada en la tarde del viernes, advirtió a Israel de que «pagará el precio».

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