sábado 04.07.2020

Crisis y oportunidades para el sector del vino

Si hay algo que ha puesto de acuerdo a todos los analistas es que nada va a ser igual tras el paso del Covid-19. Y no sólo por sus demoledores efectos sobre la economía, abocada a una recesión histórica, sino también por los cambios que supondrá en relación con el consumo, el comercio, el trabajo, las relaciones sociales y las actitudes e incluso los hábitos de los ciudadanos.                                                                .
Paradójicamente, la crisis que castigará al sector con una merma histórica de consumo llega con la previsión de una cosecha récord por las buenas condiciones en las que se está desarrollando el ciclo vegetativo. B. FERNÁNDEZ
Paradójicamente, la crisis que castigará al sector con una merma histórica de consumo llega con la previsión de una cosecha récord por las buenas condiciones en las que se está desarrollando el ciclo vegetativo. B. FERNÁNDEZ

El sector del vino, especialmente sensible a cualquier alteración, está sufriendo con especial crudeza esta situación. Zarandeada en los meses previos por el Brexit y los polémicos e injustos aranceles impuestos por la administración Trump, la actividad vitivinícola se enfrenta a un impacto general de todavía imprevisibles consecuencias económicas y laborales para comercializadores, elaboradores y, nunca lo olvidemos, viticultores, la base que sustenta todo el entramado sectorial.

RaulSólo unos cuantos datos básicos permiten aproximarse a la importancia que para Castilla y León tiene un sector que factura más de 1.000 millones de euros anualmente y exporta por importe de 215 millones. Produce actualmente alededor de 36 millones de litros de vino y emplea a 19.000 personas (casi 15.500 viticultores y 650 bodegas con 3.300 puestos directos). No debe obviarse, pues, que el vino es para este territorio un pilar básico económica y socialmente, por su pujanza en los mercados, por su dinamismo y por su importante proyección de futuro.

La suspensión de las grandes citas vinícolas internacionales —Gourmets, Prowine, Foodex, Vinitaly, etcétera— es sólo un indicador básico del alcance global del problema para un país que es primerísima referencia internacional como productor. Traído ese esecario a la proximidad, la suspensión por parte de los consejos reguladores de toda la actividad promocional aquí y fuera, la anulación de las ferias y la paralización de toda la actividad enoturística —muy desarrollada en el Bierzo y todavía incipiente en los territorios vitivinícolas del sur de la provincia— suponen contratiempos añadidos a las consecuencias, digamos, más tangibles y a medio plazo medibles desde el aspecto estrictamente comercial.

Y es que, aunque todavía está por ver el alcance real de los daños, el descenso inmediato del consumo no sólo nos sitúa en un horizonte realmente catastrofista, al menos para este año. Porque, aunque hay expertos que apuntan que la paralización —o al menos la caída— puede ser puntual y por un tiempo limitado en función de lo que dure o tarde en resolverse la situación sanitaria y dependiendo de los mercados, las expectativas son realmente pesimistas.

BARRICAS
El descenso de las ventas obligará a las bodegas a destinar más vino al envejecimiento. B. FERNÁNDEZ

Lo son sobre todo para Castilla y León, fundamentalmente por el carácter de sus vinos y por su apuesta por la calidad. Y lo son todavía más para los de las dos denominaciones de origen que operan en el territorio provincial, Bierzo y León, porque no se trata de productoras de volumen y eso, cuando el precio sí que importa —y así será también cuando empiece a recuperarse el consumo—, las sitúa en cabeza en el ranking de damnificadas. A esa especial circunstancia añádase otra con extraordinaria incidencia en el caso de la Denominación de Origen León: que más del 82% de su producción —sólo el rosado supone el 70%— es de vinos de consumo inmediato porque su vida en óptimas condiciones es muy corta. Por si eso fuera poca penalización, súmese también que la exportación —casi el 35% en el caso de Bierzo y apenas el 10% en el de León— no alivia el castigo, porque la comercialización, en el caso de los vinos del año y aunque en desigual medida para una y otra denominaciones de origen, se apoya fundamentalmente en la distribución y el consumo local a través del canal Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), con especial protagonismo en la barra para blancos y rosados.

PeñínPor esa misma circunstancia, aunque se defienda que durante el confinamiento el consumo doméstico se ha incrementado notablemente —desde luego no en la misma medida que la cerveza, aunque sí más que los destilados— por la venta en los lineales de los supermercados y también a través de las plataformas online, la realidad para los elaboradores de nuestro territorio no es así, o al menos no lo es de una manera importante ni en uno ni en otro caso.

En parte por no ser competitivos en precio frente a los grandes volúmenes de otras zonas de producción que necesitan —y harán un esfuerzo para ello— aliviar sus bodegas al precio que sea. Eso por un lado. Por otro, nuestros elaboradores son sobre todo pequeñas empresas, de carácter familiar en la mayoría de los casos, e incluso mantenidas como segunda ocupación, complementaria de la agricultura, que no tienen implantación comercial ni tampoco mínimamente desarrollada la venta online.

En un intento de paliar la situación —que pone en riesgo la supervivencia de los propios consejos reguladores, con mermas de hasta el 92% en la expedición de certificaciones en abril con relación al mismo mes del año pasado, que no fue precisamente bueno en ese sentido—, la Consejería de Agricultura ha solicitado más financiación para las nuevas medidas que se van a incorporar al Programa Nacional del Sector Vitivinícola. Y está gestionando actuaciones que puedan aplicarse para reducir los volúmenes en bodega mediante una destilación de crisis, ayudas al almacenamiento e incentivos a la cosecha en verde para reducir la vendimia en una campaña que se prevé, porque las condiciones meteorológicas son propicias, de sobreproducción.

Para los viticultores, con muy escaso margen para vender la uva por las reservas de los elaboradores, y además venderla a un precio razonable, el daño será enorme, con el peligro añadido del abandono de la actividad por las decepciones acumuladas.

Botellas

En cualquier caso, la mejor ayuda para todo el sector agroalimentario de la provincia, y por tanto para las dos denominaciones de origen del vino —casi 4.500 hectáreas de cultivo, 3.300 viticultores y en torno a 120 bodegas—, le debería llegar por la concienciación ciudadana sobre la necesidad de consumir preferentemente los productos de cercanía, un mensaje que está transmitiéndose con insistencia incluso desde las propias administraciones pero que está por ver hasta qué punto cala en la sociedad leonesa, tradicionalmente escéptica y muy poco dada a resaltar el valor y el orgullo de lo propio. Debería ser así, en primer lugar, por responsabilidad social sobre el desarrollo laboral y económico de nuestra gente y nuestra tierra. Y, en segundo, porque se trata de productos de altísima calidad acreditados por los dieciséis sellos que así lo garantizan y de los que ningún otro territorio en todo el país dispone en tanto número y en tanta riqueza y diversidad.

FitoMás allá de todo ello, y como gran lección de esta crisis ante la más que previsible reducción del consumo en la hostelería, es evidente que el sector tiene que pensar, ya sin demora, en una reinterpretación de la actividad comercial y de las relaciones con el cliente, cada vez más informado y de preferencias cambiantes, a través de otros canales, algo que no implica el abandono de los tradicionales, pero prestando más atención a la presencia en los lineales de los supermercado, los tiendas de los minoristas y, sobre todo, a la venta a través de las plataformas online. Porque el coronavirus, que perjudica gravemente a los minoristas offline, ha acabado provocando la tormenta perfecta para el imparable desarrollo del comercio electrónico.

Potenciar la marca y la imagen corporativa es también una tarea inmediata mediante acciones de comunicación y marketing sobre todo a través de los medios tradicionales, más fiables y creíbles, pero también apoyándose en nuevas estrategias para las redes sociales. Y es que ya no vale sólo con tener una web más o menos atractiva y actualizada. Es necesario cambiar el modelo de relación con el cliente e idear una dinámica más competitiva, porque así lo exige la imparable globalización de los mercados en los que también serán determinantes los tiempos de reacción e implementación de información, propuestas y… servicios.

Crisis y oportunidades para el sector del vino
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