domingo. 03.07.2022
Frutos, ayer, delante de la puerta de entrada al bar Valdesogo.

El bar se llama Valdesogo, pero Fructuoso Fernández desciende de la Tercia, el último valle leonés antes de Pajares. Después de 37 años, que ya está bien, deja uno de los negocios más veteranos del Barrio Húmedo.

Frutos, como todo el mundo le conoce, y su mujer siempre han sido una pareja tranquila y agradable. En el Valdesogo, aunque ya sea por poco tiempo, aún se puede disfrutar de una pinta de vino, un vermú, un buen bacalao o una todavía mejor cecina de chivo. Junto a la placa que honra el local como establecimiento tradicional leonés, ahora aparece un papel con el cartel de traspasa. «Son muchos años detrás de la barra y ya es hora», dice Frutos.

37 años le separan desde que cogió el bar a Julián, otro histórico de ese variopinto mundo del Húmedo, al que Frutos ya conocía. Nacido en Pobladura de la Tercia, antes de llegar a León recorrió muchos kilómetros vendiendo vino por los pueblos de Gordón y media provincia. Y aunque no añora otras épocas, sí recuerda que «había más gente» y era un barrio con tantas tiendas como bares. «Ahora sólo quedan bares», se lamenta.

El Valdesogo no es un bar que se haya renovado, pero su techo alto, su antigua barra y la decoración con fotografías antiguas le dan un aire clásico de una hostelería que casi es ya de museo y que Francisco Umbral cantó y ensalzó en sus crónicas de tabernas leonesa. Bares como el Valdesogo, El Besugo, La Gitana, La Mazmorra, el Polvos... y tantos y tantos otros. Una generación a la que la hostelería de hoy le debe que el Húmedo mantenga su sello único.

Adiós a la buena gente del Valdesogo