lunes 26.08.2019
dos municipios sin buena unión

Antes un camino de cabras que tráfico por el pueblo

Villabalter bloquea desde hace 11 años el arreglo de un vial a Azadinos para frenar un aumento de vehículos que rompa la paz de la localidad.
Antes un camino de cabras que tráfico por el pueblo

Los piques entre pueblos son tan frecuentes, que sorprenden poco. Lo curioso es que un camino de tierra, que acortaría el paso entre dos localidades vecinas, no termine de arreglarse por desavenencias, como ha ocurrido a tan sólo tres kilómetros de León capital. Azadinos solicitó hace once años 70.000 euros de los remanentes de la Diputación para asfaltar el denominado camino a Villabalter. Las máquinas llegaron, pero sólo pudieron hormigonar el tramo de unos 700 metros perteneciente al municipio de Sariegos.

La entrada a la frontera de San Andrés quedó prohibida, porque parte de sus vecinos no ven con buenos ojos que pueda aumentar la circulación de vehículos a través del pueblo si se acondiciona el vial. De hecho, esa franja de casi 300 metros continúa con un firme de tierra, piedras y socavones. Para agregar más sal a la historia, Villabalter decidió colocar un poste señalizador del pueblo, con letras de hierro, casi al tiempo que comenzaron los trabajos.

El palo de una vieja farola se eleva más de tres metros y marca desde entonces la muria de separación con Azadinos. Algunos residentes tomaron ese gesto como una provocación y respondieron con otro poste más modesto, que indica el punto en el que arranca el término municipal de Sariegos y que ha sido derribado varias veces. Los pedáneos de Villabalter y Azadinos, el socialista Jesús Cuenco y el leonesista Isidoro García, aseguran que, no obstante, las relaciones institucionales «son buenas» y que, incluso, el contacto personal entre ambos es «excelente». Pero también reconocen que algunos vecinos sí sienten cierta rivalidad. Cuenco recuerda que Villabalter no aceptó la subvención de la Diputación para reparar el camino en su día, «porque la gente no reconocía ese vial como el verdadero camino de unión, si no otro por encima de la Era.

Además, el paso desemboca en dos calles, Cervantes y La Era, que son muy estrechas y que no tienen capacidad para absorber un aumento de tráfico».

También explica que el camino termina junto a un bar muy frecuentado y en una curva cerrada, «que si se incrementa el tráfico de vehículos puede causar una desgracia». De ahí la oposición a mejorar el firme desde hace más de una década. Su homólogo de Azadinos indica, sin embargo, que el camino tiene más de 50 años y se construyó con ayuda de la Diputación para acercar a los pueblos. También lamenta la oposición de Villabalter a asfaltar el tramo que queda, «porque es un avance y fomentaría los lazos de convivencia».

Con buen y mal firme, lo cierto es que la senda de un kilómetro entre ambas localidades es bastante transitada por los vecinos de los dos pueblos, porque evita rodeos entre municipios de 4 kilómetros. García recuerda que Villabalter llegó a celebrar un concejo en el que se opuso al hormigonado «porque si se implementaba el tráfico se podía romper la paz del pueblo». Cree que es una «pena que exista una infraestructura y no se pueda aprovechar, sobre todo, porque aliviaría la carretera de Caboalles que está muy saturada, es peligrosa y posee cunetas de dos metros de profundidad».

Antes un camino de cabras que tráfico por el pueblo