viernes 7/5/21
Manuel Mitadiel | Gerente del Sacyl

VÍDEO | «Si para atender a pacientes tenemos que mover a alguien o cambiar horarios, lo haremos»

Cuando le nombraron gerente del Sacyl celebró que era «un reto precioso». No sabía aún a qué se iba a enfrentar, ni por la pandemia ni por la pandemia ni por la realidad de una sanidad cuyos problemas reconoce ahora que eran mayores de lo que creía. Pero Manuel Mitadiel (Barcelona, 1956) insiste en que «hubiera aceptado» en todo caso. «Me he sentido y me siento en ocasiones muy útil», defiende.

—Al ritmo que van las vacunaciones, ¿cuándo vamos a alcanzar la inmunidad de rebaño?

—Es complicado, aunque sería un cálculo matemático. Pero con la excepción de Pfizer, que son 94.000 dosis cada semana, serán 120.000 y sabemos la programación a un mes, con Moderna ha sido imposible y la desconfianza de suministro hace que tengamos que reservar la segunda dosis, mientras que con Astra Zeneca es algo intermedia. Con todas estas precisiones, agosto es una fecha prudente para decir que el nivel de vacunación sea importante. Nuestra capacidad de poner vacunas es amplia. Sin hacer nada especial hemos puesto 130.000 dosis la pasada semana. Si los envíos son los que deben ser, la próxima podríamos hacer vacunaciones masivas. Estamos en condiciones de, sin hacer nada milagrosos, llegar a las 160.000.

—¿Podríamos recuperar cierta normalidad en octubre?

—Soy optimista pero no soy un buen profeta. Si todas las condiciones permanecieran constantes, se podría decir que con niveles altos de vacunación recuperaríamos la normalidad, pero también hay nuevas variantes que pueden hacer que cambie. Con el 70% de vacunación, según los expertos, estaremos en condiciones de tener una vida mucho más normal, pero no se puede excluir la posibilidad de que lleguen nuevas variantes que puedan eludir las vacunas.

—Decía en su nombramiento que era un reto precioso. ¿Sigue pensándolo?

—Si cuando me nombraron supiera que iba a pasar esto, hubiera aceptado. Es mi último reto profesional porque de aquí me jubilo. Me he sentido y me siento en ocasiones muy útil.

Agosto es una fecha prudente para decir que el nivel de vacunación sea importante. Si los envíos son los que deben ser, la próxima semana podríamos hacer vacunaciones masivas. Estamos en condiciones de, sin hacer nada milagroso, llegar a las 160.000 dosis

—¿La sanidad era como usted pensaba?

—Algunas cosas, sí. Sabía que era un trasatlántico inmenso que al no se podía mover el rumbo de forma brusca, había que ir corrigiéndolo lentamente pero hay aspectos que me han sorprendido. La dimensión y los problemas que acumulaba eran mayores de los que sospechaba en la oposición.

—Sonó como consejero. ¿Habría hecho cosas diferentes?

—La consejera, además de tener una gran capacidad de trabajo, es profundamente dialogante. Hace que todas las decisiones cuenten con mi participación y, en su inmensa mayoría, con mi convencimiento absoluto. Estoy absolutamente de acuerdo con las decisiones que se han tomado porque he sido parte.

—¿Con la de suspender la vacunación de Astra Zeneca aquella mañana, también?

—Sí porque lo viví. La ministra llama a la consejera y le dice que, aunque no puede precisar qué concluirá la comisión de riesgos de la Agencia Europea del Medicamento, puede haber modificaciones en las indicaciones. Acto seguido, nos lo comunica y hay un debate. Lo que pesaba en la balanza, a las 08.40 horas, era si corríamos el riesgo de que hubiera algún episodio de reacción a algún grupo que luego se dijera que no estaba indicado o lo aplazábamos por prevención dos días. Fue unánime: no corrimos ese riesgo. Si hubiera habido alguna reacción, no nos lo hubiésemos perdonado.

En León, no se pudo ampliar la uci porque el problema es que para conseguir el espacio hay que hacer una importante remodelación; el conflicto es que hay que desalojar zonas para hacerlo. Tenemos que encontrar en los próximos meses la oportunidad

—En El Bierzo ha acumulado críticas la vacunación. Muchos bercianos se sienten discriminados. ¿Por qué han surgido todas estas complicaciones?

—Niego la discriminación. Tiene a su lado el área de León, donde han tenido que venir de buena parte de la provincia. El objetivo es poner el mayor número de dosis en el menor tiempo posible. En el tiempo que tenemos que poner 100 dosis, si tenemos que ir los domicilios, ponemos 2.000. En Villablino los mayores de 80 y de 90 lo han hecho allí; además, los de 70 llevan la misma dinámica. Con los de 65 años, les ofrecemos la opción de una vacunación rápida y centralizada. Si no aceptan o tienen problemas de movilidad, llegaremos. Nadie se va a quedar sin vacunar porque no haya podido desplazarse.

—¿Hay un protocolo establecido para la Atención Primaria, las urgencias y hospitalizaciones?

—En Atención Primaria el nivel es bastante satisfactorio. El reto es aumentar la presencialidad; hasta ahora la tenemos a petición del médico. El siguiente paso, que queríamos haberlo dado el 15 de abril, es que el paciente vuelva a pedir consulta presencial. No excluye la consulta telefónica. Estamos dando pasos. León es una provincia donde esto está bastante bien asentado. En las urgencias sí hay un problema en la medida en que estás en tensión por si tienen covid, si los instrumentos de diagnósticos son rápidos para detectarlo. El nivel de urgencias, por razón de la pandemia, es un 30% inferior a 2019. Está estresada por la naturaleza infecciosa, no por el volumen. En los hospitales, en planta estamos bien. No hay problemas y mucho menos en Léon, donde tenemos un gran hospital. El caballo de batalla han sido las ucis, donde no baja. En el Bierzo ahora hay 7, que son importantes. En León, hay 13 sobre una capacidad estructural de 16 y es importante. Necesitamos que el covid nos dé un respiro para que pueda bajar porque nos come recursos y están estresadas.

 Estas situaciones se corrigen con oposición, concurso de traslados, formación de MIR y ofrecer contratos casi a la carta. Aunque, en formación sólo tienen efectos a cuatro años o cinco, que es lo que tardan en formarse los residentes

—Aunque sería una reflexión nacional, en León ha habido casi 2.100 fallecimientos. ¿No son demasiados? ¿Qué hemos hecho mal? En León en las ucis ya había déficit antes.

—Fundamentalmente, tiene que ver con el desconocimiento de la enfermedad. Hasta que no tuvimos los datos propios, hasta que Italia y Reino Unido empezaron a producir estudios nunca tuvimos un análisis bueno de las características y los efectos. En la cuarta ola, salvo los corticoides no sé si tenemos otro medicamento eficaz que no estuviera en la primera ola. Otro problema fue tardar en hallar que el problema fundamental de transmisión eran los espacios cerrados, que la importancia de la transmisión en el aire era mayor. En León, las camas en uci no son suficientes, pero si no existiera el covid sí lo sería. Aunque nadie nos garantiza una vida sin covid o alguna otra, por lo cual sí son necesarias.

—Eso implica hacerlas y no se hace.

—En Ponferrada se incrementaron en tres unidades. En León, no se pudo porque el problema es que para conseguir el espacio hay que hacer una importante remodelación. No ha habido esa ventana sin incidencia de covid importante para hacerlo. Es el reto importante que queda. Sólo quedaron pendientes de ampliaciones el Río Hortega y León. En el Río Hortega se está haciendo porque era en un área sin utilizar. Aquí, el problema es que hay que desalojar zonas para hacerlo. Tenemos que encontrar en los próximos meses la oportunidad.

—¿En qué situación está el decretazo?

—En ninguna. Parece que iba a suceder el apocalipsis. Ya ha finalizado el ‘decretazo’. Dónde están esos problemas. Con decretazo o sin él, si para atender a pacientes tengo que mover a la gente de un sitio para otro, si tengo que alterar horarios, en la situación que hemos vivido y si la volvemos a vivir, lo haremos. Hay algo que no se nos puede olvidar: estamos a disposición de los pacientes que son el objeto por el que se crearon estas instituciones. A veces, por ese objeto tenemos que renunciar a algunos derechos porque son los suyos los que prevalecen. Estamos trabajando en la reforma de la Atención Primaria, el pilar básico, que se paró por el covid. Tenemos falta de médicos, tenemos una población muy envejecida y dispersa. Implica que tenemos que mejorar la atención sobre todo en el medio rural, en el acceso a algunas pruebas, y en el caso del medio urbano en la que los cupos no sean tan grandes.

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