Diario de León

La distancia de la cordillera

«Aún necesitamos un poco de tranquilidad»

La desaparición de Blanca Mabel Otero se cierra con su localización en Asturias tras 25 años en los que su familia la buscó infructuosamente

Dos catas de tres por cinco metros y de tres por tres han centrado la excavaciones. DL

Dos catas de tres por cinco metros y de tres por tres han centrado la excavaciones. DL

León

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«Evoluciona favorablemente y de momento no nos hemos planteado la posibilidad de volver a llevarla a León. Estamos muy contentos y ha sido una gran alegría para todos. Pero necesitamos un poco de tranquilidad. Los psicólogos nos han recomendado que apaguemos los teléfonos y que tengamos un poco de sosiego. Mi marido ha sufrido un infarto y tiene la salud un poco delicada».

Lo explica la cuñada de la mujer a la que se había perdido la pista en León hace 25 años y que apareció hace unas semanas en un barrio residencial de buen nivel en el municipio de Siero (Asturias): Mabel Otero. Evoluciona de forma adecuada y en cuanto esté restablecida, regresará a su vida normal. Lo que no está decidido es si eso será en León.

En 1995 y con 43 años Blanca Mabel Otero Álvarez decidió un buen día dejar su vida atrás y desaparecer. Tenía raíces en Sahelices de Sabero.

Nacida en Argentina

Trabajaba en León, pero todos los fines de semana iba a Sahelices de Sabero, de donde era su familia

Ella había trabajado en las oficinas de Renfe en León. Cambió de residencia por motivos que se desconocen. Ha habido quien ha achacado el asunto a problemas con el juego. «No te puedes fiar, porque el otro día llamaron aquí, pensé que era una amiga. Me puse a contarle cosas y resultó que era una periodista y no sabes la que han liado...»

Llegó hasta La Fresneda, una urbanización de Siero en Asturias y bajo el nombre de Eva inició su nueva vida: «Cuidaba niños y paseaba a perros para ganarse la vida» según una vecina. Vivía en un chalé adosado y todos la ayudaban porque padecía una grave enfermedad. «Tenía llagas en las piernas y las llevaba vendadas, apenas podía caminar ya», aseguró otra vecina. Pero su estado de salud empeoró hace unos días y la encontraron en la cocina inconsciente. Al llevarla al hospital comprobaron su verdadera identidad. Durante 25 años su familia la ha buscado infructuosamente.

«Voy conduciendo. No te puedo atender ahora». El hermano de la protagonista recoge la llamada de este periódico y emplaza al periodista para una hora más tarde. No responderá a ninguna de las siete llamadas posteriores. «Tenéis que entenderlo, estamos sometidos a un stress muy fuerte», asegura su esposa, dependienta toda la vida de una famosa tienda de comercio textil.

La historia de Blanca Mabel arranca en Argentina, donde nació en 1952 en la ciudad de Quitilipi (provincia del Chaco), a donde habían emigrado sus padres, originarios de Sahelices de Sabero (León). Allí cursó la carrera de Magisterio y empezó a ejercer como maestra, pero era muy joven cuando en 1973 regresó a España con su familia. «Era muy buena con mis padres, cariñosa, muy niñera y familiar», la describió su hermano, en aquella época.

Blanca Mabel trabajaba en las oficinas de Renfe en León. Vivía en un piso compartido con otra joven, pero todos los fines de semana se desplazaba hasta Sahelices de Sabero para estar con su familia. Un día no lo hizo. «Desapareció el 30 de noviembre de 1995», tiene anotado su hermano, que fue a buscarla a León y se enteró de que «había pedido la cuenta» en el trabajo y abandonado el piso. Trataron de localizarla, sin éxito. Hasta se puso en contacto con Paco Lobatón, «pero mi padre se negó a que vinieran los de ‘Quién sabe dónde’ a grabar al pueblo» y el tiempo fue pasando hasta que, al fin, la madre interpuso una denuncia por desaparición en 1997 en la capital leonesa.

Había sido localizada por dos policías en Gijón, pero sus familiares no encontraron rastro de ella cuando llegaron al domicilio en el que residía. Tras ese episodio, la propia Blanca Mabel se puso en contacto con su familia con un mensaje tranquilizador. Con una carta y una foto, manifestó que estaba bien. Simplemente no quería que la siguieran buscando.

Una adicción al juego podría haberla llevado a entramparse con préstamos o una secta. Eran algunas de las hipótesis que barajaba recientemente su hermano, René. «Le he dado mil vueltas», aseguraba en el verano de 2002, cuando él estaba «convencido» de que el retrato robot del cadáver de la ‘Dama del Camello’ (una mujer cuyo cuerpo apareció en la Playa del Camello de Santander) era en realidad el de su hermana. Sus sospechas derivaron en la realización de unas pruebas de ADN que resultaron negativas.

«Toda persona adulta tiene derecho a desaparecer si quiere. Ésta era una desaparición voluntaria y comunicándoselo a la policía, estaba en todo su derecho de no dar a conocer su paradero». Afirma Joaquín Amill presidente de SOS Desaparecidos.

La última pista que se tenía de ella databa de mayo del año 2000. Es la fecha de un análisis de sangre que ella se realizó en un hospital de Avilés. Al poco tiempo, ella les envió una carta y una foto. «Nos pedía que no la buscáramos más, que la dejáramos tranquila, que nos iba a escribir a menudo y ya volvería...». No cumplió sus promesas. Esa es la última foto que tienen de ella.

Nunca más supieron nada. Ella no renovó su DNI, ni su carné de conducir, no le consta ninguna alta más en la Seguridad Social ni ningún movimiento registrado en parte alguna. Blanca Mabel Otero Álvarez se evaporó.

En el año 2006, el padre, al que ella siempre había estado muy unida, murió de cáncer. Cuando enfermó, su familia albergó la esperanza de que regresara. «Pensábamos que quizá volvería para despedirse, pero no lo hizo». «Nos conocen mucho en León», asegura su cuñada. «Dejadnos descansar, por favor. Esto ha sido muy fuerte».

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