jueves 15/4/21

«Si conseguimos sobrevivir y no crece la deuda, nos podemos dar con un canto en los dientes»

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Monitores de esquí en San Isidro; tiene dos escuelas. RAMIRO

Argumentos semejantes para un problema común, la ruina de una temporada bendecida por la nieve y vetada por una pandemia. El sector lamenta las cuantiosas pérdidas económicas y urge ayudas para subsistir. «Esta temporada si conseguimos sobrevivir y no aumenta la deuda, nos podemos dar con un canto en los dientes», ironiza Natalia Castañón, del Pico Agujas. A pie de pista, Nacho Álvarez —de las cafeterías de Riopinos y Requejines— lamenta que haya días que «de caja solo hacemos 20 euros y encima ha habido muchos temporales de nieve, agua y viento». Desde la Escuela de Esquí y Snow Arropaje, su responsable, Raúl Blanco, con la mitad de sus monitores en casa sin trabajo, explica que el «colchón» de una temporada buena como la anterior les permite «ir sobreviviendo, porque con lo de ésta no teníamos donde ir a torear». En el coro de voces que sufren el zarpazo de la pandemia también Roberto Rodríguez, con su albergue en Villablino cerrado. «Nos cuesta más el collar que el perro, los gastos de abrir serían enormes».


Eusebio del Castillo, en su complejo de Lugueros. JESÚS F. SALVADORES


Natalia Castañón, en el Pico Agujas, con 23 habitaciones. DL

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Roberto Rodríguez gestiona un albergue turístico en Villablino. DL

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