viernes. 27.01.2023
                      Vista del acceso de Trobajo a la N-120, que iba a ser rotonda en 2015. RAMIRO
Vista del acceso de Trobajo a la N-120, que iba a ser rotonda en 2015. RAMIRO

León no logra quitarse de encima paradojas con arraigo, que afectan al desarrollo estructural, social y económico de su territorio. Anuncian un polígono industrial con futuro que depende de accesos que lindan con el tercer mundo, y de mejoras que son promesas incumplidas desde hace décadas. Para el acceso a Villadangos hay que contar con una carrera de obstáculos que complican el propósito de competitividad de este recinto industrial, carrera de obstáculos a la que se suma con gravedad los dos cruces pendientes de solución en forma de rotonda, embudos y estorbos para los treinta mil usuarios que cada días transitan por este vial de la Nacional 120; base del corredor central que resulta clave para cohesionar León, de este a oeste.

Las dos rotondas prometidas y olvidadas alientan un cambio de perspectiva para mejorar las condiciones de circulación en este vial que tiene encomendado la entrada al polígono industrial en el que residen una de las pocas expectativas de sacar a León del retraso y la ruina poblacional y económica que le define desde hace décadas. La relación de este enclave industrial y sus accesos devuelven a León a ese escenario de paradoja que pone en duda toda perspectiva de mejora: el mejor polígono con un acceso por carretera pleno de trabas, entre las que son mayúsculas el cruce de entrada a Trobajo del Camino; y el cruce con tiralíneas del enlace a la carretera de Montejos, que desemboca en la del Órbigo, y cierra otra cremallera que solapa la falta de una ronda norte noroeste en la ciudad. El primero, solventa con cuatro semáforos y un ramal que no da abasto tres veces al día a los vehículos que buscan la entrada natural y directa a la ciudad por el pasillo de Párroco Pablo Díez.

Desde la última vez que el Ministerio confirmó que levantaría una rotonda sobre esta regulación por semáforos que mantiene a León en el siglo XX, ha dado tiempo para afinar proyectos que nunca han contado con el empujón del presupuesto. Hace ya siete años que se dio por definitiva la operación de cambio de modelo del enlace del área urbana de León a la N-120; no asoma, entre respuestas vagas o silencio a las preguntas que por cauce oficial realizan los partidos políticos de la oposición en sedes parlamentarias.

                      El cruce de Montejos, otra rotonda perdida entre promesas. RAMIRO
El cruce de Montejos, otra rotonda perdida entre promesas. RAMIRO

La ejecución de la rotonda de Trobajo vislumbra la misma celeridad que le contagia la holgura de trámites a la conexión circular de entrada a Valverde de la Virgen, donde se prometió una glorieta para solucionar la hemiplejia que domina ahora la circulación, con la mitad del tráfico condicionado por una restricción (añadida a las medidas de presión normativa sobre el tráfico en este zona, junto a una líneas continua de tres kilómetros, los límites de velocidad, las travesías urbanas).

La última vez que el Gobierno respondió sobre esta estructura, a preguntas del PP, dejó entrever que cualquier avance está a expensas de un informe técnico sobre aforos, similar al que ya se ha empleado para negar la iluminación a los enlaces de las autovías y el intercambiador próximo, entre la AP-66, la A-66 y el extremo oeste de la Ronda Sur.

El gran futuro industrial de León conectado por vías caducas y con estorbos que las alejan de los parámetros de la competitividad que disfrutan los territorios avanzados y asistidos por la inversión ilumina esta paradoja que condiciona desde hace años el desarrollo del entorno.

La misma semana en la que se anunciaron nuevos avances y un aluvión de empleos en el recinto industrial, el círculo acabó de nuevo en el mismo punto de las estructuras deficientes. El alcalde de Valverde de la Virgen, David Fernández, recordó el desfase entre objetivos y medios para lograrlos, tras pedir de nuevo la liberalización de la AP-71 hasta Villadangos, además de solicitar nuevas conexiones en este área, como el vial al aeropuerto, que en siete kilómetros entre el campo de golf de San Miguel y Montejos, resolvería parte del déficit estructural que no deja de crecer desde el momento en el que hace 25 años se negó la circunvalación de León hasta este punto.

Los accesos a Villadangos sacan a flote la política de infraestructuras en León, que enfrenta a treinta mil usuarios diarios de la N-120 y al bloque político, que insiste en que lo prioritario para León es doblar la Adanero-Gijón por la prolongación de la A-60, paralela a tramos de la N-601, con un aforo menor que la masa madre de la León-Braganza.

Las cruces de la N-120 agravan los obstáculos en el acceso a Villadangos