sábado 16/1/21

Descampado con pinta de arrabal para rematar la reforma urbana

Hubo un plan y hay un resultado; del concepto inicial del soterramiento del tren en León a ese sobrante de más de diez mil metros cuadrados, con riesgo de convertirse en área residual, entre el cordón del barrio del Crucero y la valla perforada que escolta el pasillo bajo el que van a circular los trenes.

Hasta el nombre del plan regional que amparó el diseño se ha quedado desviado del objetivo, de las causas que lo motivaron, de las consecuencias de la actuación urbanística que está cerca de finalizar: plan regional de ámbito territorial para la integración ferroviaria de León, San Andrés del Rabanedo, Santovenia y Onzonilla. Frente a esa leyenda, la realidad. Un descampado al que no se le ha aplicado ni el beneficio de un proceso de hidrosiembra, para disimular el barrizal a la intemperie que queda en medio de la arista de la vanguardia urbanística que pretendía la ciudad al amparo del ferrocarril.

En medio de esa cadena de imprevistos, de un PRAT (plan de ámbito territorial) extemporáneo, se han puesto a salvo unas joyas de la arquitectura industrial de comienzos del siglo XX: los dormitorios de los maquinistas de la compañía ferroviaria del Norte; las viviendas adscritas a personal de aquella legendaria empresa que fue pionera en el avance del tren por este territorio y las naves dedicadas a los servicios de vías y obras. El decorado exterior de la integración, o soterramiento, o rebaje del cajón ferroviario de León no gusta entre el vecindario de la zona. Ni la valla que aprisiona el paseo; ni ese descampado de arrabal.

Descampado con pinta de arrabal para rematar la reforma urbana