lunes. 04.07.2022
Mientras París concedía a León el gran premio de urbanismo, por la protección del casco histórico, los cimientos del Palacio de Don Gutierre libraban su última batalla contra décadas de olvido. Ayer se desplomaban los cinco siglos de historia de un edificio que se había convertido en un engorroso legado; nadie lo quería y nadie ahora quiere asumir responsabilidades. El Ayuntamiento dice que no es suyo, sino de una constructora; la citada empresa echa la culpa a la Junta, que con sus trámites y burocracias había paralizado las obras exigiendo un estudio previo de un valioso artesonado del inmueble... y la Junta, de momento, no sabe, no contesta. Pero hay algo en lo que todos coinciden: la culpa es del mal tiempo, de esta pertinaz e inoportuna lluvia otoñal. Realmente, no deben preocuparse, porque el artesonado está hecho añicos y el caserón es ya sólo un montón de escombros. El concejal Vallejo restaba ayer interés al palacio, por las sucesivas reformas y añadidos que ha sufrido a lo largo de siglos. Vamos, que era del siglo XVI, pero poco. Lo que resulta absolutamente inaudito es que con tantos técnicos -los de la empresa, los del Ayuntamiento y los de Patrimonio- a ninguno se le ocurriera la feliz idea de apuntalar el inmueble. Afortunadamente, el caserón ha sido la única víctima. ¡Menos mal que estaba incluido en el catálogo de edificios a proteger! Ese mismo listado que obliga a los particulares a hacer mil y una peripecias para conservar horripilantes inmuebles con el único mérito de haber sido diseñados por un insigne arquitecto de los cincuenta y en el que, curiosamente, no estaba consignada, por ejemplo, la antigua y preciosa sede de la Casa de Galicia, demolida hace más de dos años por premuras inmobiliarias y cuyo solar, en la calle Villafranca, aguarda mejores tiempos especulativos. A pocos metros de Don Gutierre, otro palacio, el del Conde Luna, sufre igual abandono y, si nadie lo remedia, podría correr idéntica suerte. ¿Es esto sensibilidad con el patrimonio? Seguramente, a París no llegará la noticia, que, nuevamente por un suceso trágico, ha hecho protagonista a la ciudad en todos los telediarios nacionales. De lo contrario, León tendría que devolver el premio. También cerca de Don Gutierre está el Palacio de los Cadórniga, cuya propiedad comparten varios vecinos del inmueble y que, gracias a ellos, se salvará de la «quema». Se quejaba el abad Antonio Viñayo hace días de que a él le exigían permisos y autorizaciones hasta para limpiar el polvo de las estatuas de San Isidoro. Un exceso de celo que ha privado a la Colegiata de iluminación gratis, porque la empresa que estaba dispuesta a financiar el proyecto renunció por aburrimiento. Si parece correcto que las restauraciones se hagan con ciertas garantías, no deja de ser absurdo que los edificios se «hundan» por el papeleo o la desidia, como le ocurrió también a la peculiar casona leonesa de la plaza del Grano. El de Don Gutierre no ha sido el primero, pero esperemos que sea el último...

Don Gutierre se quedó sin palacio
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