jueves. 07.07.2022
Estructura desplegada por la nueva pasarela peatonal de Párroco Pablo Díez.

En la vuelta al siglo pasado emprendida para actualizar su relación con las vías del tren, Trobajo del Camino se encuentra de bruces con la pasarela peatonal. La que se quitó de en medio León, en aquel paso elevado sobre Quebrantos, que daba a la vez nombre a una calle y a una solución; a una calleja, a un callejón, que durante décadas fue el sky line del envoltorio ferroviario de la ciudad, que tenía su máxima expresión en el hito del paso a nivel del Crucero. A su modo, la pasarela de Quebrantos también se labró una leyenda urbana, como aguja de costura gorda para los leoneses, que tejían en su quehacer diario el ir y venir sobre las vías del tren.

La actuación para quitar los raíles de la vista de la ciudad, esa obra híbrida con vocación de integración que no llegó a soterramiento, con resultado de valla, sirvió la demoler aquel salto de rampa, verja y hormigón, en un espacio convertido ahora en pasillo escoltado por una alambrada, en plan polígono industrial sin industria. Se puede observar al costado de la vieja estación, tras el paseo de luminarias y cilindros de color que cubren la traza y la estación pasante. A un kilómetro, parece que renace la pasarela de Quebrantos; su idea y su concepto. El sistema, el esqueleto para el recorrido de ida y vuelta, con zig zag, que abrochará sobre la recta natural de Párroco Pablo Díez las dos orillas de esta arteria esencial a la brecha del tren. La visera de Quebrantos era un anacronismo a tiro de piedra de la estación, pero es la vanguardia cuando la vía toma distancia, ahí, tras la chicane que describe el ferrocarril que abre la bifurcación. El sistema era un invento del siglo XX; retocado en 1987, rebrota con alma de futuro en ese cuadro de Trobajo, Paraíso Cantinas y el Crucero.

El espíritu de Quebrantos emerge en la vía de Trobajo