jueves. 11.08.2022
Secundino Llorente.

El sobrino y uno de los familiares más cercanos de la numerosa familia del misionero jesuita, Secundino Llorente, está convencido de la santidad del leonés. «Para mi familia no hay ninguna duda de que tío Segundo fue un santo. Una persona que dedica íntegramente su vida a llevar el Evangelio a la misión más difícil y arriesgada del momento ya merece una consideración especial». El padre Llorente aspiraba a la Santidad «y lo hacía sin remilgos, pero reconocía lo complicado de la empresa».

La familia tiene numerosos recuerdos del padre Llorente. «Sólo vino una vez a España en el año 1963. Recuerdo las reuniones familiares y la primera misa en su pueblo. Su visita supuso una verdadera fiesta familiar aunque la familia no fue el motivo de su visita a España sino que le obligaban a venir los jesuitas con el único propósito de suscitar vocaciones».

Secundino recuerda los relatos de su tío. «Cada amanecer en la vida del padre Llorente, durante los cuarenta años que pasó en Alaska, a uno y otro lado del río Yukón, fue una verdadera odisea. Cruzar los ríos helados, largos viajes en trineos tirados por perros, la vida en las chozas.... Pero si tuviera que seleccionar un relato me quedaría con Huérfano de padre de Crónicas Akulurakeñas. Es el momento en el que Segundo recibe de su hermano Amando la noticia de la muerte de su padre. Realmente conmovedor». El padre Llorente escribe: «Quedé petrificado. Solo en el cuarto me asfixiaba y salí a respirar la brisa norteña debajo del cielo estrellado. Sentado en el madero y sollozando solo, Dios no quiso que lo estuviera del todo. Blondy, la perra fiel, se me acercó con cara tan triste o más que la mía».

«Estamos convencidos de la santidad de mi tío»