miércoles 8/12/21

José María Rodríguez, hermano del fallecido, lamentó la decisión de la Audiencia de Pontevedra: «Estamos seguros de que los hechos no fueron como los describe la versión oficial, pero ya no vamos a ir más allá. Lo dejamos estar convencidos de que hemos hecho todo lo que hemos podido por él», aseguró a este periódico.

Los hechos ocurrieron el 13 de agosto de 1991. Según consta en el informe policial, sobre las 7.50 horas de la mañana se recibió una llamada informando de que en la localidad pontevedresa de Poio un agente joven había sido hallado en el interior de su vehículo de patrulla de la Guardia Civil, vestido de paisano, con un orificio de entrada y otro de salida en sus sienes y una pistola en sus manos.

Testimonios

El testimonio de sus compañeros, que obra en autos y al que tuvo acceso este periódico, refiere que el fallecido se encontraba en estado de absoluta normalidad la víspera de su fallecimiento. Lo mismo declaró el dueño del hostal en el que pernoctaban los investigadores, que posteriormente solicitó ampliar su declaración de forma un tanto sorprendente «porque había omitido que el agente había consumido tres cubalibres» antes de abandonar el establecimiento.

No obstante, el primer informe de la autopsia señala como causa de la muerte «un disparo por arma de fuego», pero no lo atribuye a ningún motivo en concreto. Ya desde Madrid se elabora un informe en el que se concreta que el cañón «estuvo en contacto parcial con la piel», y que se realizó «a cañón tocante» pero no atribuye la autoría al propio fallecido.

«Estamos seguros de que no fue así, pero lo vamos a dejar estar»
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