domingo. 04.12.2022

​Quien llegará a León este fin de semana pensaría que somos una ciudad dicharachera. Calles repletas. Bares, tiendas, hoteles y restaurantes a rebosar. Trasiego de ciudadanos de un lugar a otro. Otros muchos que llevaban claramente sus acreditaciones colgadas de los cuellos, respirando los aires del norte, asombrándose con nuestra inveterada costumbre de las tapas, admirando nuestros monumentos y, en definitiva, disfrutando de nuestra casa con los cinco sentidos.

Podemos decir, sin paliativos que el 33 Encuentro Nacional de Cofradías ha sido un éxito. Durante cuatro días, León y su Semana Santa, han sido el epicentro de nuestro país.

Este logro no ha sido de la Junta Mayor. No. Porque el ente que aglutina las dieciséis cofradías no tiene ni cabeza ni manos. El magnífico trabajo lo han llevado a cabo unos pocos hermanos de varias cofradías que, olvidando el color de sus túnicas y emblemas, se visten la multicolor de la ciudad y el emblema del cariño a la Semana Santa. Lo han hecho posible un puñado de voluntarios de los que nunca sabremos su nombre pero que, renunciando a disfrutar de unos momentos mágicos e irrepetibles, pujaron ese paso con dedicación, buen ritmo y amor por la Semana.

Unos cuantos cientos de congresistas hablarán de León allá por donde vayan. A todas horas la ciudad estuvo ocupada: un nutrido grupo de ponentes y comunicantes, varios actos religiosos, otros culturales cuyo hilo conductor fue la Pasión, la historia, la poesía. Un recién inaugurado museo en el que quién lo visita puede darse cuenta de inmediato por qué la Semana Santa leonesa está en el ramillete de las grandes de España. Y una procesión irrepetible en la que todos se arrimaron a la almohadilla convirtiendo un sábado de septiembre en una jornada en la que, de la mañana a la noche, la ciudad vistió túnica y capillo. Hasta el frío -con limonada en los bares- quiso aportar el escenario habitual de la semana mayor.

Gracias a esas personas -una mayor parte desconocidas- León, esta ciudad herida, ha tenido unos resultados económicos espectaculares en estas cuatro jornadas. Y no solo hablamos de hostelería. Imprentas, floristerías, comercio y otro buen número de oficios han tenido su cuota de trabajo.

El Ayuntamiento, reconozcámoslo, se ha volcado en el evento sin regatear buena voluntad, personal y esfuerzos.

Si todavía hay alguien que dude que la Semana Santa leonesa, además de otras cosas, es un importante motor económico de la ciudad es que está ciego. León debe agradecer a todos esos hermanos su dedicación y esfuerzo. Este tipo de eventos requieren generosidad, olvidar protagonismos y meter el hombro. Y en buena medida así ha sido.

Todos estamos de paso. León y su Semana Santa, sin embargo, seguirá perdurando por los siglos de los siglos.

Estamos todos de paso, la Semana Santa no
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