miércoles. 07.12.2022
El desgaste de la pista

La evolución del skate crece en el deterioro

El buen ambiente en el parque contrasta con los efectos que el paso del tiempo ha provocado en las instalaciones. Su consiguiente mal estado genera situaciones peligrosas para los usuarios habituales del recinto
Instalaciones de Papalaguinda adaptadas a varias disciplinas deportivas. FERNANDO OTERO

El buen ambiente que se respira cada día en el skatepark de Papalaguinda, un elemento que dota de vida al barrio, contrasta con el deterioro de las instalaciones, que han crecido y evolucionado exponencialmente desde su inauguración, allá por el año 1998. Hoy en día muestra una cara bien diferente a la de finales de siglo, acompañada por una imagen más afable del entorno y nuevos módulos, pero donde el paso del tiempo deja su impronta en los diversos elementos deportivos.

El parque recibió unas modificaciones el pasado mes de mayo, donde se desarrollaron obras para reorganizar y cambiar módulos de práctica, así como reparar daños en las infraestructuras. Se desplazó hacia el exterior la ‘U’ y se incluyeron varios elementos en las zonas céntricas.

Usuario del parque

«Hemos tenido que arreglarlo con cemento o construir algunos módulos nuevos»

Las actividades que practican los usuarios muestran una paleta de lo más variopinta, desde los más comunes skate y BMX, hasta patines de ruedas y patinetes. Según cuentan, muchos elementos permiten aunar todas las prácticas anteriores, por lo que cualquier disciplina de este tipo encaja a la perfección. El skatepark, a parte de niños y algún adulto, estaba repleto el viernes por la tarde de los habituales grupos de adolescentes, donde también se acercaron transeúntes curiosos que querían ver las piruetas y trucos desplegados por los deportistas. De entre todo el gentío, había dos skaters que apenas llevaban dos meses encima de la tabla. Los grupos de BMX o los de patinetes se turnaban con paciencia en el uso del bowl, las rampas y los half- pipes. Otro usuario venía desde la Bañeza con sus dos hijos para rodar sobre los patines de ruedas y disfrutar de la jornada.

Reclamaciones

En el grupo más numeroso y experimentado estaba Pablo Carbajal, un skater con más de dos años de experiencia, que contaba como con el tiempo las instalaciones habían adquirido diferentes elementos demandados por los usuarios, pero también, como estos nuevos componentes se deterioraban más rápidamente. Según expresó: «Este parque ha sufrido mucho abandono por parte de las administraciones, ahora se han construido nuevos elementos, lo que agradecemos, pero antes de cumplir los dos años ya comienzan a estropearse».

Este grupo parecía ser el habitual del parque, el que lo había heredado de la primera generación de skaters de 1998. «Solemos pasarnos diariamente por el skatepark», dijeron la mayoría de los allí presentes.

Roberto Martín, otro de los skaters diarios, aseguró ser uno de los más activos en cuanto a propuestas y reclamaciones a las instituciones encargadas. A finales de 2020, se reunió con la Concejalía de Deportes y propuso diferentes modificaciones que desencadenaron en los últimos arreglos. Sin embargo, «los nuevos módulos fueron construidos por una empresa no especializada en estas pistas», lo que dio como resultado a «unos deficientes componentes que se están agrietando por las juntas del hormigón y presentan desniveles e imperfecciones».

Queja

«Solamente hay un operario para las labores de limpieza de esta zona de Papalaguinda»

Añadieron que «a la larga saldrá más caro que poner módulos de calidad desde un primer momento». Para solventar esta problemática, Martín recordó que «nosotros hemos tenido que arreglar muchas veces con cemento casero los agujeros y otros tantos daños».

Los skaters también manifestaron su indignación por la situación de limpieza de las instalaciones, que corre a cuenta de un «solo operario», y «además de limpiar el parque ha de seguir trabajando por el Paseo de Papalaguinda». Esta situación provoca que las condiciones sean nefastas, hay basura acumulada bajo los módulos más antiguos, los propios usuarios deben en ocasiones realizar estas labores de mantenimiento ya que —según contaron— «traemos escobas y nos toca barrer muchas veces».

Esta tesitura se agrava los meses de otoño con las hojas y durante la primavera con el polen, por lo que empeora la adherencia de las tablas y diferentes elementos deportivos, lo que a su vez aumenta la posibilidad de que se sufran lesiones.

Para ser un deporte olímpico, el skate no parece ser reconocido en León. Este grupo de jóvenes contó como muchas veces se desplazaba a Oviedo o a Gijón para tener acceso a una pista de calidad. La ciudad, cuenta Martín, pierde muchas oportunidades de negocio por no invertir en este sector, ya que se podrían organizar competiciones o quedadas que atraerían a muchos turistas.

La evolución del skate crece en el deterioro