jueves 21/10/21

Las fuerzas de seguridad impusieron 982 multas desde el final del estado de alarma

Guardia Civil (446), Policía Nacional (345) y Policía Local (191) insisten en la necesidad de acatar las restricciones
Dos agentes de CNP, en plena patrulla. FERNANDO OTERO

Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y la Policía Local de la capital han interpuesto 982 denuncias desde la finalización del estado de alarma por asuntos relacionados con incumplimiento de la normativa relacionada con el Covid, según datos facilitados por la Subdelegación del Gobierno de León y el Ayuntamiento de la capital.

La Guardia Civil (446 denuncias) ocupa una extensión más amplia en su jurisdicción que las cuatro comisarías de la Policía Nacional (345). La Policía Local de León (191) sostiene el mismo mensaje que los otros cuerpos: «No se trata de recaudar, sino de ser ejemplarizantes con quienes incumplen de forma flagrante la normativa», sostiene el Inspector Jefe de la Unidad de Policía de Barrio, Jesús Clausín. El comisario de CNP Abelardo Ramos y el Inspector Nazario Castrillo abundan en otra filosofía: «Hacemos mucho trabajo subterráneo, el que está ahí pero no se ve». Para el teniente de la Guardia Civil, Pablo de la Riva «trabajar en el ámbito rural es más fácil, en los pueblos se conoce todo el mundo y hay más solidaridad ciudadana».

Durante el estado de alarma se propusieron 7.197 sanciones correspondientes a los ámbitos de actuación correspondientes a la jurisdicción de la Subdelegación del Gobierno en León. En el postconfinamiento, la palma se la llevan las sanciones por no llevar mascarilla.

GUARDIA CIVIL

«Nos ha cambiado la forma de trabajar, no el trabajo»

En Benavides de Órbigo la mañana de lunes de principios de septiembre está soleada pero fresca. Es un canto al optimismo, igual que la labor de los ocho efectivos de que dispone la Guardia Civil para la parte de la comarca que les toca. Les conoce todo el mundo. Basta un paseo para comprobar por qué la Benemérita es la institución más valorada en el ámbito rural. «Pasamos casi todos los días por la farmacia, el centro de salud, la residencia de ancianos y por las carreteras. Es la mejor forma de tomar el pulso. Si ha pasado algo, seguro que en cualquiera de estos sitios, te lo dicen». El teniente Pablo pone los galones y Marcelino con sus compañeros el trabajo de campo. La organización es básica pero al final, el contacto diario es lo que cuenta.

«El virus nos ha cambiado la forma de trabajar, no el trabajo». La comarca tiene poca incidencia de casos, la residencia de ancianos ninguna. Hay cuarenta y tantas plazas cubiertas «todas menos una», asegura la responsable del centro, atendido por una veintena de profesionales. «Cuando venimos de visita, nos comunicamos desde fuera. Aquí hay que tener más cuidado todavía».

La violencia de género sí que es un virus silencioso en la comarca. «Es lo que más trabajo nos da». No hay apenas hurtos, los robos que se producen son pocos y de forma mayoritaria en las explotaciones agrícolas. «Como todo el mundo se conoce, es fácil y además hay siempre una buena colaboración ciudadana».

En la farmacia, una clienta hace acopio de medicamentos y hay que tirar de paciencia antes de sondear la situación del fin de semana. Por todas partes lucen los carteles de precaución y las medidas de seguridad. «Esta zona no se ha visto muy afectada, pero la cosa sube», explican los agentes.

Al centro de salud se llega por la hilera de una incipiente fila que guarda dos metros de seguridad entre los pacientes, que la impaciencia la guardan para otro momento. Saludan a los guardias y les identifican por el nombre. «Con la mascarilla no te había conocido», bromea una parroquiana. No hay tos ni fiebres alarmantes. Buena cosa.

En la última parada de la mañana, la tarea consiste en controlar los accesos por carretera y la autovía León-Astorga. Echar un ojo al tránsito de vehículos, con parada de por medio en el bar, que es el otro punto donde se testa lo que se cuece en el pueblo. El orden y la ley.

POLICÍA LOCAL

«Se sanciona lo imprescindible, no hay voluntad recaudadora»

Tiembla la dueña del bar cuando los policías le piden la documentación, aunque la tiene en regla y la inspección concluye de forma satisfactoria. Tiembla el dueño del establecimiento que no puede exhibir la licencia para ampliar la cifra habitual de veladores, aunque la comprobación en el registro municipal aclara que dispone del permiso. Y tiembla el conductor al que le piden los agentes la documentación, sabedor de que van a comprobar que no ha pasado la ITV desde marzo. Le caen 200 euros de multa, 100 en caso de pronto pago.

local

Dos agentes de la Policía Local comprueban la licencia de un bar. RAMIRO

La Policía Local sabe que en situación de pandemia el trabajo aumenta. Aforo de locales, cumplimiento de la legislación en materia de seguridad, observación de las distancias de la forma que las exige la ley, tráfico, seguridad ciudadana «aunque esa labor es más bien de la Policía Nacional». Y todo lo que se presente. La vocación hace que la obligación sea accesoria.

Las vallas y sombrillas de las terrazas no pueden estar ancladas al suelo. Las personas que fuman no pueden cruzarse con nadie a menos de dos metros. Los bares no pueden atender a los clientes nuevos a partir de la medianoche. Eso el día en el que se elabora este reportaje. La semana anterior las normas eran otras y a la semana siguiente volverán a cambiar.

«Tenemos que actualizarnos constantemente», aseguran los dos efectivos del cuerpo municipal. Se cruzan afectuosos en el saludo con un compañero. El mismo que cayó por el tejado de un almacén cuando perseguía a un delincuente que pretendía robar en una nave. «Él entra en el grupo de personas que tendrían permiso para no usar mascarilla si quiere», por las secuelas que le dejó aquello. No se acoge a ese derecho y la usa como un ciudadano más.

«Somos la policía más cercana al ciudadano, los que más patrullan la calle», aseguran. El covid no es un reto, es una circunstancia más. «Esto pasará». Y habrá que estar preparados para la siguiente batalla. Siempre en constante evolución. «Se sanciona solamente lo que es inevitable, no hay intención de recaudar. Sabemos que al ciudadano le afecta, pero a veces no hay más remedio».La Sección Policial de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas (Separ) cumple con su misión.

POLICÍA NACIONAL

«El agradecimiento de los niños te da un subidón increíble»

Un niño saluda efusivo al coche de patrulla. «Esas cosas te dan un subidón, es halagador tanto entusiasmo», apunta la agente Elena. Una conductora adolescente se pone nerviosa cuando le recomiendan que gire para no entrar sin permiso por la rampa de la Audiencia Provincial «El uniforme impone», asegura su compañero. Pero los más agradecidos son los ancianos. «Atendemos muchas llamadas de gente que vive sola y ha sufrido una caída o un problema en su casa y no pueden valerse».

La Policía Nacional divide su tarea en cuatro planes: Director, Mayor, Comercio Seguro y Turismo. «Muchas veces tenemos que hacer más de psicólogos que de policías». Por la mañana una señora sin mascarilla se ha puesto nerviosa al verles. «Sólo íbamos a decirle que le dábamos una si no tenía». Es la función pública en pleno apogeo.

Ha bajado bastante la delincuencia en León. Lo agradecen los dos efectivos que cuentan su experiencia en el País Vasco. Ambos trabajaron en su día para el último oficial de CNP asesinado por ETA en Euskadi.

«Trabajamos en grupos burbuja. A veces cogemos las vacaciones a la vez aunque no te cuadren para no cambiar de equipo». Suena el aviso de un posible atraco. Falsa alarma. A Dios gracias. Aunque la vocación hace que en realidad, les vaya la marcha: «Hay noches que hacemos 100 kilómetros en coche y no pasa nada. Imagínate, a 20 por hora... Se te hace eterno». Aún recuerdan el aspecto de las calles vacías de día. «Fue tremendo. Pero es de esas cosas que te quedan para siempre».

Las fuerzas de seguridad impusieron 982 multas desde el final del estado de alarma