miércoles 2/12/20
Entrevista al nuevo Obispo de León

«Si en Galicia he pretendido vivir en gallego ahora tengo que procurar vivir en leonés»

Luis Ángel de las Heras es el nuevo obispo de León. DL
Luis Ángel de las Heras es el nuevo obispo de León. DL

Luis Ángel de las Heras (Segovia 1963) abandonará en breve la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol que ocupa desde 2016 para convertirse en el nuevo obispo de León el próximo 19 de diciembre y coger así el testigo de Julián López.

—El próximo mes tomará posesión como nuevo obispo. ¿Qué conoce de León, está al corriente de ese sentimiento identitario leonesista tan arraigado que existe en esta tierra?

—Sí estoy al corriente y soy consciente de que existe (dice con una sonrisa franca) conozco a mucha gente de León y es algo que se transmite desde hace mucho tiempo. Lo comprendo. Los sentimientos identitarios creoque suceden en todas las personas. Siempre cuento la anécdota de un misionero claretiano como yo que llevaba muchos años en Filipinas y fue secuestrado por un grupo musulmán. Por fortuna consiguió escapar y cuando volvió a España, él era de un pueblecito de Zamora, y fue recibido por el entonces presidente de la Junta Vicente Herrera, que le preguntó cómo podían ayudar a los misioneros. Él entonces solo le dijo: ‘Yo lo que quiero señor presidente es que arreglen la ermita de mi pueblo’. Es decir, que el sentimiento identitario configura a las personas y es natural tenerlo. Sé que existe en León y yo lo acojo, lo escucho y lo comparto. Pero también digo que estamos en un tiempo de aunar esfuerzos y no buscar separaciones.

—Le preguntaba también qué conoce de León...

—León solo lo conozco de visita igual que me sucedió con Mondoñedo-Ferrol. Es más, Mondoñedo, cuando llegué aquí no lo había pisado nunca. Es una práctica que existe en todos los misioneros y dentro de la Iglesia: vas donde te envían, lo conozcas o no.

Prioridad

«Mi primer propósito será conocer la sociedad leonesa, su sentir y peculiaridades»

—Entonces tiene una cuenta pendiente ¿no?

—Sí, lo que tengo que hacer es conocer León, conocer a los leoneses y a las leonesas, saber como piensan y, extrapolando un consejo que me dio aquí un sacerdote gallego, pues si en Galicia he procurado vivir en gallego ahora tengo que procurar vivir en leonés.

—Esto va un poco al hilo de lo que le iba a plantear ahora, ¿cual va a ser su primer propósito como nuevo obispo?

—Precisamente este (responde raudo y sin dudar). Mi primer propósito será conocer a las personas, a los sacerdotes, a los laicos de la Diócesis de León; conocer la sociedad leonesa, su sentir y peculiaridades, costumbres, sumas de pensar y sentir que quiero y tengo que descubrir. Ese va a ser mi primer objetivo: acercarme a León y conocerlo, conocer los lugares físicos también. Por ponerte un ejemplo, la catedral de León solo la conozco de visita y además hace muchos años que no he vuelto a ella. Ahora tengo que conocerla de otra manera, ese es el cambio que tengo que dar: conocer León no como el que va de visita sino como el que va a vivir allí.

—¿Se esperaba el nombramiento o fue algo inesperado para usted?

—Totalmente inesperado. Fue sorprendente para mi porque en estos momentos no me esperaba ningún cambio, ni ningún traslado. Llevo en el Ferrol cuatro años y medio pero sabes que esto puede ocurrir en cualquier momento.

—Bueno, vivimos momentos de muchos cambios...

—Siempre hay que estar acogiendo los cambios sorpresivos. En el mes de julio, a propósito de esta pandemia que estamos viviendo, yo escribí una reflexión sobre lo que significa un continuo cambio de planes. Efectivamente nosotros programamos muchas cosas antes del confinamiento y tuvimos que ir cambiando de planes en ocasiones. Entonces yo hacía la reflexión de que en estos tiempos teníamos que estar dispuestos a cambiar de planes de la noche a la mañana y eso lo tengo que aplicar a hora a mi persona. Es un cambio que acojo desde la disponibilidad que yo tengo que tener y que me lleva a ir a León con el entusiasmo misionero y con la alegría del que va enviado. Esa es la verdad.

Reforma pendiente

«Las celebraciones dominicales hay que convocarlas en menos lugares y con más gente»

—He leído una frase suya en redes sociales donde acentúa que en estos momentos la Iglesia debe mostrar toda su solidaridad con las personas que sufren las consecuencias económicas y depresivas de la pandemia. ¿De qué manera quiere estar como obispo al lado de los más vulnerables?

—(Hace una pequeña pausa reflexiva) Primero hay que hacer visibles a las personas vulnerables. La sociedad no habla de ellas o habla solo en determinados momentos y creo que mi primer deber es hacerlos presentes, subrayar que están ahí con palabras, en redes sociales y donde sea preciso. En segundo lugar, ofrecer la Iglesia como estamos haciendo siempre a través de Cáritas y de Pastoral de la Salud como la ayuda en primera línea que necesitan muchas personas; aquellas que han sufrido graves reveses económicos o que padecen la enfermedad, la soledad, la depresión o cualquier otra dificultad. Ahí tenemos que estar para ofrecer nuestro apoyo y en este sentido la iglesia no solo ofrece una ayuda material, sino que a través de todas las personas de la Iglesia tenemos que brindar una perspectiva de esperanza, de caminar juntos, de ayudarnos unos a otros y de vivir en comunidad. Es en definitiva esa fraternidad universal que el papa Francisco nos está proponiendo a toda la humanidad y eso debemos vivirlo en nuestro pequeño ámbito.

—Ahora que menciona al papa Francisco, ¿qué le ha parecido su apoyo público a las uniones civiles entre homosexuales?

—Este es un tema sobre el que el papa ha venido reflexionando desde que era obispo de Buenos Aires y él no se ha metido en ningún tipo de aprobación moral. Lo que él considera es que las personas deben tener cubiertos todos sus derechos y todo el mundo tiene derecho a establecer el tipo de relaciones que quieran formar. Él también lo ofreció como una vía alternativa a lo que se iba a denominar en Argentina el matrimonio entre personas del mismo sexo. Yo lo que veo es que el papa quiere que todo el mundo tenga sus derechos cubiertos pero eso no afecta para nada al interior de la Iglesia. Es una manifestación sobre lo que puede organizarse en la sociedad civil.

Reforma pendiente

«Las celebraciones dominicales hay que convocarlas en menos lugares y con más gente»

—Llega a una provincia muy castigada por la despoblación, con curas rurales que tienen que dar misas en más de media docena de pueblos (algunos hasta casi una docena) con muy pocos fieles. ¿Es algo sobre lo que hay que reflexionar?

—La despoblación es evidente y se suma el envejecimiento de la población rural y de los propios párrocos, un problema al que suma que las vocaciones ahora no son tantas como antes. Creo que esta situación exige en todas las Diócesis españolas una reestructuración, cada una de una manera diferente. Yo esto lo he propuesto aquí en Mondoñedo-Ferrol, creo que en León también están estudiándola y mi intención es sumarme a esa reestructuración.

—¿Esa reorganización por donde debería ir?

—Por ofrecer concentración de actividades pastorales para unificar a las personas en una comunidad cristiana un poco más fuerte, especialmente en los núcleos donde la población es escasa. Es una concentración igual que la que ha hecho en escuelas o centros de salud sin ir más lejos.

—Hablamos de dejar de dar misa en pueblos donde solo acuden dos o tres personas a lo sumo y celebrarla en otro cercano donde la asistencia sea mayor.

—Sí, pero con una salvedad. Los sacerdotes donde tienen dificultades es en la celebración de las Eucaristías de los domingos; esas son las que hay que concentrar procurando que haya un buen número de personas. Durante la semana esos sacerdotes sí que pueden visitar y acompañar a esas personas que en muchos casos son mayores. Eso hay que salvarlo, pero las celebraciones dominicales hay que convocarlas en menos lugares con más gente.

Patrimonio

«La iglesia lo administra, no es su propietaria. Y sin ayudas mantener ese tesoro común es inviable»

—Hablando de la falta de vocaciones, hay quien propone que los seglares puedan celebrar misa. ¿Cómo lo ve?

—Cada uno dentro de la Iglesia tenemos nuestra vocación y nuestra misión y yo creo que esto es una cuestión de organización interna. No hay que solapar vocaciones, la vocación del sacerdote es una, la del laico es otra, la de la persona consagrada es otra. Son formas de vivir la vida cristiana y no tienen que hacer unos lo que tienen que hacer otros; lo que hay que hacer es complementarse, organizarse mejor y coordinarse. Llevamos muchos años intentando dar mayor protagonismo a los laicos y a las personas consagradas pero, insisto, no se trata de que unos hagan las cosas que tienen que hacer los otros, sino que distribuyamos bien las misiones a realizar. Pero al margen de la celebración de la Eucaristía en la Iglesia existen otras celebraciones, celebraciones de la palabra en ausencia de presbítero. De lo que se trata es de que la vida de la Iglesia continúe con una mayor colaboración entre todos.

—Esa corriente que propugna que la Iglesia asuma el coste del cuidado y la rehabilitación de sus edificios, ¿qué le parece?

—Hay quién dice que la Iglesia es propietaria de sus edificios pero ¿es así realmente? Uno es propietario cuando puede hacer lo que quiera con su propiedad. Pero la iglesia es administradora de esos bienes, no propietaria. ¿Tú crees que yo puedo vender la catedral de León?... evidentemente no. Y este es un ejemplo máximo pero es que es así. Aunque tengamos títulos de propiedad no podemos disponer de los bienes como cualquier propietario privado y esto hay que dejarlo muy claro. La Iglesia lo cuida y ha pedido ayudas para ese patrimonio porque, que es un tesoro artístico de todos, es imposible mantenerlo sin ayudas.

«Si en Galicia he pretendido vivir en gallego ahora tengo que procurar vivir en leonés»
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