viernes 25/9/20
Estudiantes

Un grupo familiar y estable de 90 miembros

Las residencias universitarias, que cubren sus plazas, intensifican y adaptan los protocolos para la convivencia de los jóvenes estudiantes
Los residentes, escaneando el código QR para facilitar el rastreo. RAMIRO
Los residentes, escaneando el código QR para facilitar el rastreo. RAMIRO

En la residencias universitarias las mascarillas tan sólo pueden quitarse en la habitación. En las zonas comunes, es preciso llevarla y sólo puede quitarse en el comedor.

Como consecuencia de los cambios provocados por la pandemia en el periodo de matriculación de la Universidad, la demanda de plazas ha sido más tardía que otros años y las familias «han preguntado mucho por los protocolos o qué pasaría en caso de un nuevo confinamiento», según comenta el responsable de la Asociación de Residencias Universitarias de León, Adrián Álvarez.

«En teoría somos una unidad de convivencia estable pero con casi un centenar de personas», explica Álvarez, para matizar que en muchos casos la situación de las residencias universitarias están «en el limbo» en cuanto a los protocolos de covid.

Zonas comunes

«Echo de menos socializar con mis compañeros, ahora hay cosas que no podemos hacer»

Por eso, en su residencia, La Asunción, han intensificado muchas de las medidas habituales y, además del gel, la mascarilla, el registro de la toma de temperatura dos veces al día o la reducción de aforos, en el comedor han instalado un sistema que, mediante un código QR, permite saber con quién ha desayunado, comido o cenado cada estudiante «para en caso de un positivo poder hacer un rastreo más fácil de posibles afectados». Aunque en años anteriores sí se permitían visitas, este también están prohibidas.

El alumno de Ingeniería Electrónica Pedro de Dueñas repite en esta residencia tras pasar los meses más intensos del confinamiento a final del curso pasado en ella.

El uso de mascarilla es obligatorio en las zonas comunes. RAMIRO
El uso de mascarilla es obligatorio en las zonas comunes. RAMIRO

«Sólo pude salir cuando permitieron la movilidad entre comunidades», explica este joven, quien de momento apuesta por seguir en este alojamiento, aunque no descarta en cursos posteriores pasarse a un piso compartido. Este año, sobre todo, echa en falta «la socialización, antes estábamos todos juntos en las zonas comunes o en las habitaciones escuchando música y ahora eso no será posible».

«Me gustó el trato, es muy profesional y muy familiar y por eso repite», comenta mientras come Paula Otero, una maragata estudiante de Biotecnología que destaca que los protocolos «son perfectos, aunque no podemos tener contacto con el resto de compañeros, la distancia es por seguridad». «En el comedor era el sitio que me daba más miedo, pero estoy más tranquila», añade.

En la residencia de La Asunción también hay jóvenes deportistas de alto nivel, con los piragüistas Brais Caride, Alejandro Drago o Mario Otero, que compaginan sus estudios con su actividad deportiva. Todos confirman que el principal inconveniente de este año son las limitaciones en la convivencia provocadas por el coronavirus, a lo que suman el hecho de tener que llevar siempre puesta la mascarilla en las zonas comunes.

Ventilación y organización

La ovetense Eva Morente inició ayer, por videoconferencia, sus clases de Veterinaria. «He preferido una residencia porque vengo de estar acostumbrada a estar con mis padres y tenerlo todo hecho y aquí estoy mejor que en un piso donde te lo tienes que hacer todo tú», explica en uno de los salones de La Asunción, mientras sus compañeros juegan a la Play Station. La futura veterinaria ha recibido su primera clase de forma telemática porque en su facultad se han organizado las clases, para cumplir todos los protocolos, alternando las clases presenciales con las telemáticas.

La ventilación de los espacios también es fundamental y en La Asunción han encargado un estudio para saber durante cuánto tiempo tienen que dejar las ventanas abiertas en cada uno de las habitaciones y zonas comunes para garantizar la renovación del aire. Además, de las 96 plazas con las que cuenta la residencia se han dejado una decena libres para poder usarlas en caso de que sea necesario aislar a algún residente. «Nosotros vamos adaptando también nuestra convivencia en función de cómo esté la situación de contagios en la provincia», explica Adrián Álvarez, ante la posibilidad de cerrar o abrir espacios comunes en caso de que se endurezcan los límites desde Sanidad.

Un grupo familiar y estable de 90 miembros