jueves 17/6/21
Diez años del 15-M

La indignación de una primavera

Este sábado se cumplen diez años del 15-M, el movimiento ciudadano que ocupó las principales plazas del país para reivindicar una democracia más participativa
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En León el 15-M acampó en Botines. RAMIRO

Sucedió hace diez años, casi de forma espontánea en una noche de domingo de primavera. Una veintena de jóvenes que acababan de participar en la manifestación convocada ese 15 de mayo de 2011 por la plataforma Democracia Real Ya (DRY) y otros colectivos decidieron quedarse a dormir en la Puerta del Sol de Madrid. "¡Que nadie se vaya hasta que todo cambie!", pedían por megáfono. Sus compañeros comprobaban que necesitarían, al menos, unas esterillas para no pernoctar al raso. La idea inicial era acampar hasta el 22 de mayo, día en el que se celebraban elecciones municipales y autonómicas, a modo de protesta ante una democracia "poco participativa". Pero esta acampada convocada de cualquier manera dio paso a uno de los fenómenos sociales más trascendentes de la política española en los últimos años. Una movilización nacida al calor de la crisis económica de 2008 y de la precariedad laboral. "Sin curro, sin casa, sin pensión", se coreó durante semanas en más de un centenar de ciudades del país.

Fabio Gándara era un joven que estaba en paro, harto de que no respondieran a sus currículums. Aquella noche se encontraba tomando unas cañas con unos amigos cerca del kilómetro cero de la capital tras participar en la manifestación. Él fue uno de los fundadores de DRY en febrero de ese mismo año, y sin cuyo concurso toda esta historia hubiera sido distinta.

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Compañerismo, trabajo e incertidumbre

"Llevábamos organizando las manifestaciones con mucho compañerismo, trabajo duro y también incertidumbre. Esa noche nos comentaron que había varias personas que no querían moverse de la Puerta del Sol. Entonces nos empezamos a hacer eco en las redes sociales y todo corrió como la pólvora", recuerda a este periódico. Por la mañana fueron desalojados, pero volvieron a insistir la noche siguiente, con más afluencia.

Twitter o Facebook , aún incipientes en los teléfonos móviles, jugaron un papel crucial en la movilización. Las acampadas se extendieron al día siguiente a otros puntos del país, incluso de Europa, e inspiró movimientos al otro lado del Atlético como 'Ocuppy Wall Street'. El sentir, al principio, era transversal. "Fue una de las principales fortalezas de esas primeras semanas, trabajábamos para lograr que fuera lo más inclusivo posible, con un lenguaje que no cayese en clichés de un bando o de otro.

Sin sectarismos

"Sin sectarismos", explica Gándara. Las reivindicaciones del 15-M llegaron a despertar las simpatías del 60% de los españoles, según un sondeo de Metroscopia publicado a principios de junio.

Movimiento asambleario La principal seña de indentidad del 15-M fueron las asambleas.

En las plazas, convertidas en ciudades en miniatura con sistemas de abastecimiento e intendencia, se formaron comisiones donde se debatía de política, igualdad o cultura. El intercambio de opiniones era horizontal, abierto y deliberativo. "Algunas propuestas eran muy ingenuas o irrealizables, otras veces se debatía de lo mismo que el día anterior. Pero tuvo repercusión en la política de partidos: las primarias, liderazgos, la 'nueva política'...

Sí que hubo un impacto de transformación", señala Marc Sanjaume, profesor de Ciencias Políticas de la Universitat Oberta de Catalunya, que lo vivió de primera mano.

El 18 de mayo, la Junta Electoral Central consideró que no había causas extraordinarias que justificaran las concentraciones. a pocos días de unos comicios. Hubo varios intentos de desalojar los campamentos de Madrid o Barcelona, pero fracasaron. El entonces ministro del Interior, el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, decidió que la Policía no interviniera. "Las actuaciones policiales se rigen por el principio de resolver problemas, no de crearlos", afirmó. Otros, como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, tacharon al 15-M de "movimiento totalitario".

Poco a poco, aquel terremoto ciudadano "fue perdiendo transversalidad", reconoce Gándara. Las acampadas se disolvieron a finales de mayo, aunque algunas, como las de Madrid o Barcelona, aguantaron hasta junio. Algo había cambiado.

05/14/18-49/21

La indignación de una primavera