miércoles 25/5/22

Apenas sin aviso previo, únicamente 48 horas antes, un decreto del presidente anunció a la plantilla que desde el día 1 de julio todos debían trabajar presencialmente en las sedes de sus puestos y fichar en los controles digitales a la entrada de sus edificios, es decir, a través de su huella. Dejó de estar permitido desde ese momento fichar desde el ordenador de casa habilitado para el teletrabajo y únicamente se contemplaron las excepciones antes mencionadas para poder seguir prestando su labor desde el domicilio. Hasta ese momento, el trabajo presencial y el realizado en remoto se organizaba por equipos —a modo de grupos burbuja— en cada servicio, de manera que una semana uno de ellos acudía a la institución a prestar sus servicios y la siguiente teletrabajaba, con el objetivo de no poner en riesgo al personal al completo de un departamento y evitar que ante un contagio se quedara sin funcionarios por un periodo de tiempo.

En la cascada de incidencias que llegaron a detectar por parte de parte de la plantilla que trabajó en remoto, llama la atención aquellos que se negaban a contestar a llamadas relacionadas con el trabajo hasta que otra nueva orden del presidente les obligó a desviar su número de teléfono laboral a su móvil o a un dispositivo fijo de su casa y atender los requerimientos y consultas telefónicas de compañeros o superiores en su horario laboral.

Otro dato curioso, revelado a este periódico, asegura que hubo trabajadores, incluso, que llegaron a afirmar que no tenían ordenador en casa o que no podían utilizarlo porque lo necesitaban sus hijos para el colegio cuando la pandemia obligó a quedarse en casa a trabajar. Posteriormente, en el momento en que la Diputación fijó el teletrabajo como alternativa a la presencialidad, los mismos trabajadores ya manifestaron contar con ordenadores disponibles para realizar sus funciones públicas desde el hogar.

Aunque los jefes de servicio y un pequeño equipo acudieron a su puesto de trabajo también en pleno confinamiento para garantizar una serie de servicios mínimos, hubo algún caso que optó por teletrabajar y no volvió en medio año a su despacho.

Transcurridos unos meses desde la puesta en marcha del trabajo en remoto, la diputada de Recursos Humanos, Ana Arias, pidió a todos los jefes de servicio un informe para que explicaran cómo iba en cada departamento el nuevo sistema y cuáles eran sus sensaciones. Todos elaboraron un informe y, según fuentes sindicales, la mayor parte de ellos exigieron la vuelta al trabajo presencial ante incumplimientos constatados.

La institución suspendió el trabajo en remoto repentinamente
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