miércoles. 17.08.2022

Cuesta más pagar la factura de la luz y llenar el depósito de combustible. Pero también hacer la compra diaria o afrontar cualquier gasto inesperado. La inflación está desbocada y fuera de control. Prosigue la senda ascendente que inició ya hace casi un año y que ahora se acelera por la guerra en Ucrania. Así, la tasa interanual del Índice de Precios de Consumo (IPC) escaló 1,5 puntos hasta el 7,6%, lo que supone la más alta en casi 36 años, desde diciembre de 1986.

Tal y como era previsible, se trata de una inflación superior en dos décimas a la avanzada por el organismo estadístico (que cifró en un 7,4%), que incorpora ya los últimos días de febrero, en los que se sufrió el impacto de la invasión rusa. Desde que comenzó la guerra, el día 24 del pasado mes, los mercados internacionales energéticos se han tensionado como nunca lo habían hecho en un plazo tan corto de tiempo.

La electricidad y las gasolinas son los dos grandes productos que explican este alza de los precios, como viene sucediendo en los últimos meses. En el caso de la luz, se ha encarecido un 80% en los últimos 12 meses. Si se compara el dato de enero con respecto al mismo mes de 2021, el alza era del 46%. Estos datos incluyen las medidas de rebaja de impuestos (IVA y eléctrico) prorrogadas por el Gobierno hasta junio. Si no se incorporasen, el precio de la luz se habría duplicado. Sin ambages. El problema es que este encarecimiento se ha generalizado y extendido a la mayor parte de los alimentos que componen la cesta de la compra, con lo que el consumidor está sufriendo seriamente en sus bolsillos los efectos de una inflación muy elevada.

Y esto se refleja en que la tasa de variación anual de la inflación subyacente (sin contar alimentos no elaborados ni productos energéticos) aumentó seis décimas hasta el 3%. Se trata del nivel más alto desde mediados de 2008. Con el dato de febrero, el IPC interanual encadena su decimoquinta tasa positiva consecutiva y suma tres meses seguidos en cotas superiores al 6%, niveles que no se veían en tres décadas.

Ante esta situación, el portavoz de la Junta de Castilla y León en funciones, Carlos Fernández Carriedo, reclamó ayer que la Conferencia de Presidentes de este domingo aborde la situación de la inflación sin vincularla únicamente al conflicto entre Rusia y Ucrania y secunda la propuesta realizada por Galicia de bajar el IVA del gas y la electricidad. El dirigente consideró que los datos del IPC son «extremadamente preocupantes» con datos, como ha destacado, que se sitúan en el año 1986, lo que supone una «pérdida muy importante del poder adquisitivo». Una situación que se recrudece ante la «escasez de materia prima y la rotura de stock», lo que pone en «riesgo» la competitividad, como puso de manifiesto.

La Junta reclama que se rebaje el IVA energético