viernes 06.12.2019
Verónica Hegar leonesa del barrio de San Claudio, es sommelier a través del International Tea Masters Association

«La cultura del té ha venido para quedarse y no es una moda»

Se define como «curiosa del comportamiento humano» y «coleccionista de aromas». Venórica Hegar no ha cumplido los treinta y ya tiene el certificado de té sommelier . «Ahora tengo claro que no sé nada. Que me queda todo por aprender».
«La cultura del té ha venido para quedarse y no es una moda»

Un día, Verónica Hegar, leonesa del barrio de San Claudio, decidió que mucho mejor que tomar un té era elegirlo. Y ahí empezó la magia. Porque algo de mágico tiene un té con ella; este es un chai con cardamomo, jengibre, bien frío, en una tarde calurosa de Madrid, lugar donde reside y trabaja, y en un local, el Bomec, que es toda una maravillosa institución en la materia. Recientemente ha accedido a una categoría que le ilusiona y le abre un mundo: su certificación como té sommelier, a través de una escuela internacional que hace que sea de los pocos expertos en el mundo que cuentan con esta condición. Y ahí se pone filosófica, porque además es chica lista, e insiste más de una vez: «Ahora sí que tengo claro que no sé nada. Que me queda todo por aprender», asegura.

Empieza así de bien Hegar, que además de máster en Recursos Humanos, se ve que da un paso más cuando en su twitter se define como «curiosa del comportamiento humano y organizacional, innovación, creatividad, aprendizaje. Coleccionista de aromas». Aún lejos de la treintena, esta leonesa viviría para el té, pero no rechaza, sino que practica, unas buenas tapas con sus cañas por las calles de León o de Madrid.

—¿Cuándo descubre que lo de tomar un té es mucho más?

Cuando te metes un poco más en el universo de variedades, posibilidades y tipos que el té ofrece. Lo que sé ahora del té es que no sé nada. Empiezas a descubrir cómo la cosa cambia según los tiempos de infusión, las cantidades que añades, la temperatura, la ceremonia que es en realidad.

—¿Tenía en cuenta que como producto goza de mucho prestigio?

En parte sí, aunque el té sigue siendo un gran desconocido. Puede ser que sí seamos conscientes de que es un mundo en el que predomina lo natural, y que lo hace ser muy respetado. Pero a veces lo que se consume no es té como debería serlo. El té viene en hoja grande. En los sobres, no, aunque ya hay sitios que lo empiezan a servir bien.

—¿Querer saber más es lo que le lleva a convertirse en sommelier?

Sí. Fue a través del International Tea Masters Association, que te certifica como sommelier. El cinturón negro sería el Tea Master.

—¿Cuál sería su fin en lo personal?

Me encantaría montar una marca de té. Me parece un mundo espectacular por todo lo que se genera alrededor. La gente no lo conoce lo suficiente.

—Yo me conformaba con que hubiera dicho: una tetería en León...

No tendría por qué ir mal. La gente demanda sitios diferentes. Además, con el clima de León, aunque ahora haga tanto calor, un buen té puede ser lo mejor. León podría ser un buen sitio para montar una tetería especializada.

—Hay un dato muy serio que es el relativo a las virtudes antioxidantes como prevención contra el cáncer. Esto es importante, ¿no?

Sí, hay estudios concretos que lo demuestran. En concreto, los mejores son el té verde y el blanco por su valor antioxidante. Lo que cambia cada té es el proceso, y estos son los mejores como antioxidantes. Lo importante es que se compre a granel y en sitios donde la gente sabe y tiene conocimiento. Por ejemplo, en el caso del blanco lo es porque son las hojas más blancas del té, los brotes más tiernos y con más clorofila.

—¿Ha viajado por el mundo para conocer más secretos del té?

Hicimos un viaje por Inglaterra en furgoneta, que no es lo ideal, confieso, durante tres semanas. Íbamos pidiendo té por todos los sitios. Allí, la verdad, es que toman el mismo té, y encima con leche... Aunque también se puede tomar así.

—¿Cree que puede ser un buen negocio? ¿Le gustaría vivir de ello?

Me encantaría vivir de ello. Creo que el té ha venido para quedarse y no es una moda. En España falta la regulación y conocimiento que hay en otros sectores como en la cultura del vino. A mi me gustaría avanzar en esa idea de crear mi marca de té. Pero incluyendo el diseño y tratándolo como una experiencia que da mucho de sí.

—Cuando sale por León, ¿es la asesora de sus amigos a la hora de tomar el té?

Sí, pero tomo de todo, ¡eh! Vino, cerveza, café... No hay nada excluyente. Cuando enseño a mis amigos que hay distintas formas de tomar el té y van descubriendo que hay diferentes paladares, sí que veo que al conocerlo lo valoran más. Hay quien dice que no le gusta, pero, en realidad, es que a veces ni lo han probado en condiciones.

«La cultura del té ha venido para quedarse y no es una moda»