domingo 26.01.2020
CASA DE LEÓN EN MADRID

La química de Rubalcaba

El socialista abarrota como nunca la Casa de León en Madrid en una comparecencia que mezcló su actividad científica y política.
La química de Rubalcaba

Confesó Alfredo Pérez Rubalcaba, ayer en la Casa de León, que cuando se sube al estrado y ve el hemiciclo desde allí le viene a la cabeza como idea recurrente el sistema periódico. Lo que puede que explique de manera definitiva por qué a veces no hay quien entienda lo que pasa en el Congreso de los Diputados. El líder socialista acudió ayer a un singular acto en el que habló de química y política, y que, al parecer, según se dijo, le sirvió para resarcirse de la conferencia que tuvo que suspender en Granada, reventada por Stop Desahucios, cuando se le oía decir aquello de: «No van a irse, no me van a dejar».

Ayer, en cambio, ante un aforo más que completo, presentado por Alfredo Canal, presidente del centro leonés, e Isabel Mijares, se le dejó expresarse y contribuir a un cierto carácter multiusos de la Casa de León, en el que la artífice de su presencia fue la propia Mijares, amiga de la mujer del político y compañera de facultad. El tirón del socialista quedó más que demostrado, con la presencia incluso de compañeros como Jaime Lissavetzky.

Mijares destacó la valía científica y académica del aspirante a presidente del Gobierno, ante un aforo formado, según aseguró la también experta en vino, «en un setenta por ciento por químicos». Es decir, que había mucha química ayer en la Casa de León y el líder lo aprovechó.

Aunque la coyuntura leonesa quedaba en un segundo plano, un espectador de esta tierra sí que le lanzó alguna pregunta sobre el AVE y ese empeño que parece que hay para que o llegue mal, o no llegue, o en algunos casos simplemente rodee. Y ahí salió el Rubalcaba político, que afirmó no conocer los datos. Y que, en todo caso, «más que cuestión de tramos, será de bancos», afirmó.

Pero veamos qué ve Rubalcaba cuando sale a hablar en el Congreso... ¿Ve a Rajoy? ¿A Rosa Díez? Pues, a veces, no: «Al fondo, arriba, están los elementos más reactivos. Especies políticas de vida breve, que aparecen y desaparecen», vino a decir. Y por ejemplo, para arrimar el ascua a su sardina: «En el centro izquierda están los metales. Relucientes, brillantes, duros pero consistentes...», narraba, eso sí, advirtiendo que todo era un juego, un ejercicio en el que la imaginación y el humor deberían tenerse como argumentos.

Pérez Rubalcaba también confesó, entre un conjunto de cuatro supuestos en los que la química y la política se interpretarían igual, que el problema territorial de España, «que viene de siglos», señaló, es de «opinión pública», advirtió. Y eso para el químico y político está claro que serían imágenes especulares no superponibles. Lo que nos dejó bastante tranquilos a los que estábamos allí. Incluso con la sensación de que a partir de ahora, lo del referéndum de Mas no deja de ser eso: química que no se entiende por ambos lados.

Cercano, ameno y seductor, Rubalcaba terminaba su intervención levantando una gran ovación de sus compañeros.

La química de Rubalcaba