sábado 21/5/22
                      archivo familiar
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Paciente, estudioso y muy humano. Ciriaco Díez Álvarez, leonés forjado a orillas del río Luna en Villarrodrigo de Ordás, y pulido en el colegio de los Agustinos, se ha ido a los 90 años y 12 días tras una vida dedicada en cuerpo y alma a la medicina y a su familia. Deja una huella profunda en los miles de leoneses que extendieron su brazo ante él en busca de un diagnóstico.

Sus manos expertísimas tras atender mañana, tarde y noche a un rosario de pacientes no arrancaban ni un «ay» al extraer el líquido elemento. Su truco antimareos, realizar una maniobra de distracción con un intercambio de palabras para que los ojos no se posasen sobre la jeringuilla que sujetaba ya en la mano. Así, en un abrir y cerrar de ojos y antes de que el enfermo se diera cuenta ya le había pinchado, extraido y colocado el algodón.

El doctor Ciriaco, como se sigue conociendo al laboratorio que impulsó en 1967 en el corazón de la ciudad, extendió su fama por sus certeros resultados y por su exquisita atención, lograda con un tesón admirable por seguir aprendiendo. También fue hábil para incorporar tecnología y ampliar su experiencia con un trabajo sin descanso desde su atalaya del complejo de Santo Domingo.

De hecho, se jubiló a regañadientes con 83 años y cuenta su familia que al apartarse «un poco» del laboratorio de análisis clínicos «se aburría», porque su pasión fue siempre la medicina y no quiso robarle tiempo para cultivar otras aficiones que no fueran la hematología, la bioquímica, la microbiología o la serología.

«Ciriaco sabía lo que tenías con solo ver el color de tu sangre. Era una enciclopedia andante», comentan. Este leonés curioso procedía de una estirpe de médicos. Su padre, tíos y primos optaron por esa rama de la ciencia, por curar y por sanar, aunque cada uno desde especialidades diferentes como la cardiología, la pediatría o la dermatología. Él se empeñó en escudriñar el origen de los males y analizar la clínica de los pacientes para ponerle remedio.

Discreto y humilde, serio pero cariñoso, fue definido en los años ochenta ante el ministro de Sanidad y Consumo Manuel Núñez Pérez por el entonces flamante presidente del Colegio de Médicos de León, Vicente Serrano, como «el prototipo del médico libre». León pierde con su muerte en la pasada madrugada del domingo al lunes a un prohombre, a un sabio trabajador que se levantaba como un reloj a las siete de la mañana para dedicarse a su profesión y cerraba la puerta a las diez de la noche o «cuando acabará», ayudado de su mujer Isabel, que acudía también a los domicilios de los enfermos.

Padre de dos hijas que residen en Madrid, su ilusión fue su familia y su trabajo como médico innovador, ya que fue el primero en abrir un laboratorio de análisis clínicos en León. En el recuerdo, la frase de un vecino suyo de Villarrodrigo de Ordás que fue recomendado a sus instalaciones para realizar una analítica y regresó a la localidad asombrado y contando que «no os hacéis una idea ni os imagináis lo que tiene allí, si parece Lourdes», en alusión a la cantidad de personas que confiaban su salud al doctor Ciriaco.

El funeral por este prohombre querido de la ciudad será hoy a las cinco y media de la tarde en la iglesia de San Marcelo.

León pierde al «prototipo del médico libre» y humano