Diario de León

OBITUARIO

León se queda sin una joya: Baltasar del Palacio, alma mater de Balta

Creó una firma inimitable que suma cinco décadas y media de historia y se convirtió en una referencia local y nacional

Baltasar del Palacio. DL

Baltasar del Palacio. DL

León

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La muerte no nos roba a los seres queridos; solo los inmortaliza y nos obliga a reescribir su biografía para no olvidarlos, para no perder parte de nosotros mismos.

Baltasar del Palacio fue uno de tantos niños de posguerra. A los seis años se quedó huérfano. Su padre fallecía a los 30 años, tras pasar por el campo de concentración de San Marcos. La madre, una de esas mujeres coraje que se envalentonan con los reveses de la vida, suplió las carencias del racionamiento con esfuerzo y amor. Desde su casa, frente a la cárcel de Santa Marina —hoy Archivo Histórico Provincial— escuchaban el chirrido del camión que de madrugaba trasladaba en su último paseo a los presos republicanos. Jamás lo olvidaron. 

En aquellos años, el pequeño Balta solo tenía un juguete, un viejo reloj que montaba y desmontaba con precisión. Ahí nació su vocación. Su madre no pudo darles más estudios que los elementales, así que muy pronto tuvo que buscarse un oficio. 

Baltasar del Palacio con su hija María. DL

Baltasar del Palacio con su hija María. DL

Su primer empleo fue como dependiente en Almacenes Olmedo, en la calle Ancha. Con una sonrisa seductora que no perdió nunca, pronto se convirtió en el mejor vendedor.

A finales de los cincuenta, animado por su hermana, consiguió un muestrario de joyería. Una ‘mantita’ que enseñaba a amigos y conocidos con sortijas y pulseras. Pasarían algunos años hasta que abrió un establecimiento en un piso de la calle Suero de Quiñones. En los sesenta, con un país «en vías de desarrollo» —como se les enseñaba a los niños en las escuelas—, el negocio le va viento en popa y el piso empieza a quedarse pequeño. Una década después traslada la joyería a su actual ubicación, en el complejo de Santo Domingo.

Padre de seis hijos, dos de ellos muertos prematuramente, Balta fallecía ayer a los 90 años. El éxito no le cambió. Nunca dejó de ser el chico de Santa Marina que desmontaba el tiempo.

Si cierro los ojos, el recuerdo que siempre guardaré de Balta, mi tío, mi querido tío, es su sonrisa...

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