jueves. 30.06.2022
INTERCAMBIO DE CULTURAS

Una leonesa en el intercambio cultural auspiciado por la Unesco en el desierto

La leonesa Alicia Brasa, única española en el Connecting Cultures en Omán
La joven leonesa Alicia Brasa con el grupo de particpantes de Connecting Cultures en el desierto de Omán
La joven leonesa Alicia Brasa con el grupo de particpantes de Connecting Cultures en el desierto de Omán

La intención única y sencilla es promover el diálogo entre jóvenes de Occidente y Oriente, para reducir la polaridad de las culturas y contribuir a normalizar la diversidad. Connecting Cultures, el programa apadrinado por la Unesco dio la oportunidad a la leonesa Alicia Brasa de disfrutar de cinco días irrepetibles en el desierto de Wahiba (Omán). Traductora de árabe por profesión, acaba de regresar «encantada» de la iniciativa y promete volver a intentarlo «aunque seguramente será en otros lugares del mundo».

Sufragaron la iniciativa el Gobierno de Omán, a través del Ministerio de Educación, la Fundación MBI Al Jaber. Lo hacen desde 2004 para llevar a cabo una convivencia intercultural.

«Consiste en llevar a diez personas árabes y diez europeas para que conversen y se conozcan. Yo viajé desde Madrid hasta Doha, para hacer escala y luego llegar al desierto», explica Alicia. «En el desierto no hay mucho que hacer y el tiempo cunde mucho. Cada día nos levantábamos, hacíamos actividades para conocernos, nos formulaban preguntas sobre las que reflexionábamos mientras caminábamos por el desierto. Por ejemplo, pensar en estereotipos que otros países tienen sobre el tuyo, o qué valoras en tu vida o pensar en las cualidades que tiene alguien a quien admiras. Todo esto se ponía en común al llegar», resume recién recuperada del viaje.

En pleno desierto

Montar tiendas de campaña en el desierto no es la única experiencia fascinante de una iniciativa de este tipo. «A las seis de la tarde ya anochecía y había que montar las tiendas. Cantábamos, bailábamos, hacíamos música con tambores y al día siguiente volvíamos a la misma rutina. Por el camino tomábamos café, dátiles y te».

Lo más llamativo de la experiencia para la joven leonesa es la posibilidad de romper ideas preconcebidas de algunos países: «He descubierto que la gente no es como parece de primeras. Todas las chicas han sido muy abiertas y aunque hay cosas que cuesta hacer en el desierto, nunca he visto mal humor. Todo el mundo tiene mucha paciencia».

El desierto «es un lugar muy tranquilo. Es un poco hostil para la vida diaria, pero no me agobió. La gente es calmada, no hay prisas, pero tampoco hay baños y no te puedes lavar, tienes que hacer un aseo básico con toallitas pero al final te acabas adaptando».

«He hecho muchos amigos, con algunas personas de manera especial y espero que duren para toda la vida», destaca la joven leonesa.

Una leonesa en el intercambio cultural auspiciado por la Unesco en el desierto