miércoles 22/9/21
Agravio al noroeste

La lluvia de 2.300 millones riega los peajes en Galicia y arrincona más a León

Las autopistas leonesas mantienen la vela del agravio del noroeste al rescatar el Gobierno la AP-9
Vista parcial de un tramo de la autopista León-Astorga, una de las más caras de España y Europa por kilómetro recorrido. FERNANDO OTERO

No por esperada, la gracia del Gobierno hacia la autopista AP-9 pierde una dosis de agravio respecto a los peajes de León.

La León-Astorga y la León-Campomanes miran en la lejanía la medida de gracia que va a suponer una lluvia de dinero público sobre lor arcos y cabinas de pago de la autopista del Atlántico, con una cifra de 2.300 millones de bonificar y enjugar el efecto que el uso de la estructura tendrá sobre los usuarios hasta el final de la concesión.

Una cantidad imbatible para la repercusión y el efecto con el que se traducen medidas similares en los pasos de pago de las autopistas leonesas; en los lineales de Villadangos y Hospital de Órbigo los incentivos son limosnas si se comparan con la dimensión de la medida que el Gobierno aprobará hoy para la autopista gallega; hay tramos con bonificación del cien por cien del coste del recorrido. Así resultará en el trecho entre Redondela y Vigo; y descuentos adicionales de hasta un 20% de Vigo a Tui, que vienen a facilitar la movilidad en la zona y permitir la cohesión y el desarrollo del área de influencia.

León, en sequía
El Consejo de Ministros aprueba hoy la gratuidad de varios tramos de la autopista atlántica

Justo, la reivindicación que reclama León y Asturias desde hace décadas para sacarse de encima ese lastre del pago por circular, en calara desventaja con otras zonas del país en las que no se impone este corsé.

Aquí se acaba la analogía que compartían las autopistas de León con la AP-9, con una historia escrita a base de prórrogas de concesión, reajustes de tasas y tarifas, en el exponente máximo del ejemplo de cómo una vía de pago incide de forma negativa en el desarrollo del territorio por el que transcurre.

Las autopistas del noroeste compartían la longevidad y límites de la concesión de la explotación, en ese margen que acerca el sistema de pago en vigencia hasta mitad de este siglo, cuando deberían de haberse liquidado a no ser por la intervención directa de la política para prolongar las condiciones y la obligatoriedad de la carga impositiva.

También compartieron hasta ahora el manoseo de las propuestas de la clase política al incluir los beneficios en los peajes a través de bonificaciones u otros incentivos como reclamo ante las urnas, nunca jamás cumplidos. La rebaja o rescate del peaje de la Asturleonesa se presentó de forma cíclica a las convocatorias electorales de principios de este siglo; no llegó a hacer se realidad. Tampoco pasó de declaración de intenciones y alguna protesta en el vial la propuesta de partidos regionalistas de León acabar con el peaje de la León-Astorga, que asfixia con tributos el cauce de tráfico rodado que discurre por el corredor que cohesiona la provincia leonesa, de este a oeste.

Las referencias paralelas de las autopistas de León y Galicia las llevaron a encumbrar durante años la lista por kilómetro más caro en Europa, otro parámetro que deja en mal lugar la gestión que se aplica al noroeste español en materia de movilidad.

En el consejo de Ministros de este martes separan sus vidas; la AP-71 y al AP-66 seguirán en esa alacena de las estructuras que agravian y perjudican el avance de los territorios y de las personas que los habitan; la AP-9 se puede exhibir como ejemplo de cómo la voluntad política es capaz de echar abajo los muros y las trabas burocráticas que en León sí parecen bien cimentados contra la opción de rebajar, bonificar peajes, eliminar las zancadillas que condicionan el desarrollo territorial.

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