Diario de León

Mieres se lo toma con calma

Ganaderos y excursionistas, habituales de Casa Mieres, eluden la polémica al valorar la intención de Babia de llegar a la expropiación de Pinos

Imagen del entorno de Casa Mieres, en Pinos, a las dos de la tarde de ayer

Imagen del entorno de Casa Mieres, en Pinos, a las dos de la tarde de ayer

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L. Urdiales - puerto de pinos
León

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? Casa Mieres, el remanso de paz que desprende olor a guiso, guiso bueno, con servicio de restaurante y corralón para refugio del ganado, llegan los ecos de desaire que se escuchan valle abajo, entre los vecinos y ganaderos de cuatro pueblos babianos que desde hace siglos tiene derecho a meter reses en el puerto, propiedad de Mieres desde 1926. Los asturianos, los ganaderos y los excursionistas que cruzan las mañanas de domingo Pinos camino de Peña Ubiña la pequeña, se muestran escépticos ante la polémica. Casi ajenos. «¿Qué es eso de la expropiación?», responde desinteresadamente un hombre mientras maneja con paciencia a un asno al que trata de introducir en un remolque. «No creo que llegue la sangre al río», vaticina otro ganadero que hace tiempo antes de comer en el restaurante. Acepta entrar en el debate uno de los veteranos del lugar, que declara que en el medio siglo en el que ha sido testigo de la convivencia de leoneses y asturianos en Pinos no ha habido ni un roce. «Todo esto se compró de forma legal, se pagó por ello 400.000 pesetas», resuelve. «Y nunca hubo un problema, en los 46 años que yo llevo viniendo aquí». Como en cualquier domingo de otoño, en vísperas del retorno del ganado a los prados, todo en orden en Casa Mieres, monturas atadas a la puerta, sidra y buena oferta gastronómica. Al puerto Pinos se llega por un camino pedregoso que sortea arroyos y veredas, intransitable en vehículo de octubre a mayo; o desde Asturias, por el puerto de La Cubilla arriba (1.683 m) asfalto de primera, un paso canadiense y entrada a la finca. El forastero que entre a Pinos tras elegir esta última vía, moderna, puede considerar este espacio como un lugar en el mundo. Así, genérico. No tiene más referencia de localización que el acento de los comensales de Casa Mieres y unos letreros a brocha gorda, negros, sobre los muros de cemento de una presa y otro edificio próximo que rezan: «León, esto es (estu ye) León». El forastero sabrá así dar leves nociones de ubicación.

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