miércoles 25/5/22

Cuando la DGT lanzó la campaña para anunciar la entrada en vigor el 11 de mayo del límite 30, incidió en el menor ruido y contaminación que se deben derivar de esta medida, «una de las prioridades de la Agenda 2030 para hacer más seguras las ciudades». Las previsiones para la capital leonesa, según estimaciones de los servicios municipales basadas en estudios ya realizados y publicados sobre el impacto de esta restricción de velocidad en el tráfico rodado en ciudades como el caso de Zaragoza, fijan una disminución del ruido en una media que se acercará al 10%. El porcentaje, sin embargo, oscilará por múltiples factores como la anchura y diseño de las calles, altura de los edificios, intensidad media del tráfico diario, el tipo de vehículos, incluso los materiales de los que se compone el pavimento o asfaltado por donde discurre la circulación. Un objetivo enmarcado en el horizonte que persigue «paulatinamente» disminuir en el ámbito urbano el porcentaje de ciudadanos expuestos a niveles de ruido por encima de los niveles de calidad establecidos.

Y es que precisamente el tráfico rodado supone para la ciudad la principal fuente de ruido. Para analizar la contaminación acústica por la circulación de vehículos, el mapa de ruido estudia distintos tipos de calle y a diferentes horas. Entre los modelos de calles, los técnicos de la ULE analizan parámetros como el grado de inclinación, el tipo de pavimento, el promedio de velocidad, la anchura, la altura de los edificios a ambos lados, las clases de calles (abiertas, en U y en L)... También incluyen en el estudio global datos poblacionales, de inmuebles y otros aspectos, que luego son procesados para obtener los niveles de ruido reales en la capital leonesa y preparar la nueva estrategia.

Hacia la movilidad verde: menos contaminación y ruido
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