viernes. 30.09.2022
LA SITUACIÓN DE LA EMPRESA

Los náufragos que dejó Antibióticos

Trabajadores afectados por la extinción de ochenta empleos, previa al rescate de la empresa, reivindican el acuerdo social. Se cumplen cinco años de la compra de la sociedad por Black Toro
Vista exterior de las instalaciones industriales de ADL Biopharma, la antigua Antibióticos. MARCIANO PÉREZ

De Antibióticos sólo queda el recinto del complejo industrial y químico, emblema de aquel polo que convirtió a León en referente nacional del sector farmacéutico. De Antibióticos no queda ni el nombre. Permanece el desamparo del naufragio de un grupo de despedidos, que quedaron atrás en el proceso del rescate de la compañía en quiebra que abordó Black Toro; los que, un lustro después de aquella efeméride no han vuelto a trabajar. Sin puesto de trabajo; y también sin indemnización por despido y extinción de empleo.


La redención de Antibióticos no fue un fenómeno colectivo; hubo una grieta que impidió a la nueva sociedad alumbrar a toda la plantilla. Ochenta despidos, para reducir la plantilla vinculada a la compra de la unidad productiva a 170 empleados; para los que se quedaron al margen, ochenta miembros de la plantilla, se escribieron grandes propósitos en los papeles.

 

Un plan social, un calendario de recolocación, una bolsa de empleo; un millón de euros depositados en fianza para hacer frente a la contingencia de indemnizar la pérdida de la posición. Cinco años después, la mayor parte de aquellas propuestas que se encajaron en el acuerdo de la vuelta a la vida de la emblemática y quebrada Antibióticos de León no se han llegado a cumplir. Los náufragos laborales tienen familia a cargo; y se desenvuelven en esa edad que dificulta el éxito en la presentación de currículum, no exentos de experiencia laboral.

 

Lo que no tienen ya es esperanza de que se les abran las puertas de la fábrica para reemprender la tarea, u otra similar, a la que desarrollaron hasta el año 2014, cuando la empresa tocó el fondo de la quiebra y renació de las cenizas de la gestión anterior. Si les quedaba algún resquicio para alentar el regreso, se perdió cuando los nuevos directivos de la compañía les sugirieron que, si se les presentaba la ocasión, eligieran cualquier otra oferta laboral. Así lo relata con pena alguno d ellos protagonistas de aquel quebranto social y económico en el que derivó la crisis de la que fue principal empresa en sector bioquímico leonés. Otra crisis de tantas.

 

Con cinco años en el desempleo, intermitente o continuo, ven el asunto con la clarividencia que casi siempre acompaña a la necesidad. Recuerdan cómo, de una u otra forma, se les alentó a creer que a corto y medio plazo (se fijaron un mínimo de 24 meses y un máximo de 36), comenzarían a resolverse cobertura de puestos, por la previsión inicial de los nuevos dueños de incrementar segmentos productivos y recuperar las cotas de actividad perdidas en la compañía; su reingreso ocupaba un segundo lugar en la orden de preferencias, donde era predominante la resolución de un expediente de regulación de empleo rotatorio que afectó a un grupo notable de la plantilla que sí asumió la nueva propiedad de la compañía.

En la mayoría de los casos, nunca se llegó a producir. Por eso, se exponen ante el nuevo horizonte que muestra la empresa, con otra distinción societaria, otro repertorio empresarial repleto de previsiones optimistas y objetivos boyantes, para recordar que en ese camino de prosperidad quedan flecos sueltos.

«Ahora mismo, la empresa ofrece datos en la prensa sobre que su plantilla ha crecido hasta cerca de trescientos empleados, es decir, ciento veinte más de los que se asumieron cuando compró Antibióticos, y aún no nos han llamado, tal y como habían prometido, según habían dispuesto».

Más allá de las consecuencias derivadas de purgas sindicales después de una batalla y enfrentamientos internos que precedieron al momento de la resolución del proceso concursal que salvó de la muerte a Antibióticos, se sienten víctimas de un olvido; víctimas que plagan los cementerios laborales de León, trabajadores para los que no hubo una segunda oportunidad.

Los náufragos que dejó Antibióticos