sábado 18/9/21
ordenación en santiago de compostela. el cariño de sus amigos y familiares

El niño que jugaba a ser cura llega a obispo

Amigos, familiares, alumnos y compañeros hablan del sacerdote leonés Jesús Fernández, que hoy será ordenado obispo auxiliar. Los sacerdotes de la Diócesis de León le piden «que la mitra no le pese y el anillo no le deslumbre». Su familia, preocupada ante la responsabilidad del nombramiento, está segura de que «seguirá siendo el mismo» y sus amigos y compañeros sacerdotes destacan de él su «cercanía» y « disponibilidad».
El vicario Jesús Fernández, en su despacho en el Obispado de León el mismo día en que se hizo público su nombramiento.

«¿Quieres consagrarte, hasta la muerte, al ministerio episcopal que hemos heredado de los apóstoles, y que por la imposición de nuestras manos te va a ser confiado con la gracia del Espíritu Santo?». Ésta será hoy la primera pregunta que el arzobispo de Santiago, Julián Barrio Barrio, hará al obispo electo, el leonés Jesús Fernández, que, acompañado en procesión por el cabildo y el arzobispo desde la puerta de Azabachería de la Catedral —donde está enterrado el rey de León Alfonso IX—, llegará a la sala Capitular para revestirse mientras se interpreta al órgano el preludio y fuga en sol mayor de J.L. Krebs.

El sacerdote leonés, y hasta ahora vicario general, saldrá de la Catedral como obispo auxiliar del arzobispo de Santiago de Compostela y obispo titular de Rotdon (Rosas) y pasará a ejercer su nueva responsabilidad eclesial del episcopado con el lema Evangelizare pauperibus (Evangelizar a los pobres) «El papa eligió a uno de los nuestros», asegura a este periódico el obispo de León, Julián López, que hoy estará entre los veinte mitrados que asisten a la ceremonia, de los sesenta que hay en España, y doscientos sacerdotes un acto que contará también con la presencia de medio millar de leoneses, entre los que se encuentran la presidenta de la Diputación, Isabel Carrasco, el alcalde de León, Emilio Gutiérrez y el consejero de Fomento y Medio Ambiente, Antonio Silván.

Cuando el diácono lea el Evangelio (Mt 20,20-28), quizás Jesús Fernández se acuerde de sus primeros pasos como cura en León. Sus padres, Isidora y Benigno, que viven en Gijón y estarán hoy en la ceremonia, se muestran orgullosos y contentos, «pero por otra parte no tanto», confiesa su madre. «A él le gusta coger la bici, hacer deporte, hablar con la gente, ir de un sitio para otro y ahora, con esta nueva responsabilidad tendrá que privarse un poquito». Isidora, que tiene 85 años, recuerda a un niño «muy buena persona, que nunca ha faltado a nadie. Ya de pequeño le gustaba jugar a que era cura y hacía como que daba la comunión a sus hermanas con un trozo de pan».

Carmen, una de sus cuatro hermanos, se emociona al hablar del nombramiento. «Quizás sea una postura egoísta, pero me alegra por un lado y por otro me da pena», asegura. «Siempre está trabajando, leyendo, escribiendo, diciendo misa, acompañando a algún cura enfermo. Para quedar con él había que planificarlo un mes antes, pero si hay alguna dificultad está con nosotros antes de que lo necesitemos». Lo recuerda trabajador. «En verano, cuando íbamos al pueblo, a Selga de Ordás, ayudaba a mi abuelo en las labores del campo. En Gijón trabajó de peón en una obra de mi padre, que era encofrador». Hoy, el hermano, el que se quedaba en casa los veranos a cuidarla cuando se ponía enferma, es ordenado obispo. «Fue una sorpresa, él nunca ha dado importancia a nada de lo que hace. Yo lo valoro más como hermano que como obispo».

Deportista

«La Diócesis de León, que a lo largo de su historia multisecular ha dado numerosísimos hijos a la Iglesia, también para el episcopado, se siente noblemente orgullosa por esta llamada que hacía mucho tiempo que no se producía dentro de nuestro clero secular». Son palabras del obispo Julián López, que ve en este nombramiento «un gesto de aprecio y cercanía del papa»

«Su comprensión, su cariño y sus consejos fueron decisivos para que un servidor no sucumbiera a las dudas», asegura el rector del Seminario Mayor San Froilán, Jesús Sánchez González, que fue su alumno. «En el plano humano destaco de él su cercanía, su afabilidad y su sencillez. Como buen aficionado al deporte es una persona sana por dentro y por fuera. Equilibrado, templado, dialogante y con un gran sentido de la responsabilidad. Es amante de la pastoral directa, del trato con la gente y del trabajo en equipo», asegura Sánchez.

La Diócesis de León se despidió con un acto en el que el obispo, Julián López, le entregó como regalos la cruz pectoral y el anillo. En representación de los curas jóvenes de León habló el sacerdote Froilán Fernández, de 33 años, párroco de Prioro. «Hace siete años que lo conozco. Fue mi profesor en el Seminario. Lo que más valoro es su humildad, su disponibilidad y su cercanía y eso le ha hecho llegar a donde ha llegado». Froilán recuerda una frase suya que le ayudó a continuar en su vocación. «Los seminaristas», me dijo, «sois una bendición de Dios. Él lo hacía todo muy cercano y lo explicaba todo muy fácil para que lo entendiéramos».

La experiencia sacerdotal de Telmo Díez, de 87 años, le recuerda al nuevo obispo que «está viviendo su Domingo de Ramos, pero que no olvide que llegará el Viernes de Dolor. Le aconsejé, en nombre de los sacerdotes mayores, que el peso de la mitra le fuera leve, que el brillo del anillo no le deslumbre y el báculo le recuerde que es pastor antes que todo».

De su afición al deporte da cuenta su compañero, ex entrenador de la Cultural, Miguel Ángel Álvarez Tomé, equipo del que fue capellán. «Como futbolista en su juventud llevaba su sacerdocio al vestuario y al terreno de juego, es muy conciliador. Como capellán nos acompañaba a algúnviaje y tenía que aguantar las bromas y las ironías de Manolín por ser sacerdote. Es una persona extraordinaria».

El niño que jugaba a ser cura llega a obispo