viernes. 03.02.2023
Escritor y miembro de la Real Academia Española

«No hay cosa más triste que ver a mis paisanos defendiendo una bandera»

El escritor considera «empobrecedor» la pelea con la Universidad por la bandera. Es duro al asegurar que «tener partidos que sustenten lo que somos es parte de nuestra miseria humana»
Luis Mateo Díez se define como una persona llena de expectativas y con disposición a la esperanza
Dicen que su literatura es pura música, porque elige con precisión milimétrica cada adjetivo y cada sustantivo. Su gran capacidad para fabular y para bucear en la memoria, su manejo del lenguaje y sus afinados personajes han tenido su reconocimiento en el público y en la Real Academia de la Lengua, donde este lacianiego de 61 años ingresó en el 2001. Pero Luis Mateo Díez no sólo es un escritor y poeta. En esta entrevista de tres minutos y sesenta segundos, que se realizó deprisa, entre las bambalinas del premio Leonés del Año, demuestra que los civiles tienen mucho que decir sobre la vida política. -La literatura leonesa mantiene buen pulso tras la pérdida de escritores tan reconocidos como Ricardo Gullón o Luis Alonso Luengo? -En León existe una gran tradición creativa, que tiene sus mayores expectativas en que siempre haya gente joven nueva, y ahí está la solución de la literatura, en los jóvenes. Hay herencia, lo cual quiere decir que hay capacidad literaria, y es siempre mucho mejor mirar al futuro que al pasado y al presente. -¿Puede despegarse del recuerdo de Laciana cuando está en Madrid? -Laciana, en algún sentido, es como un elemento simbólico, de un cierto destino provincial. A veces, me conduelo mucho pensando en la oscuridad del futuro, lo problemático que es el presemte y lo rico y fascinante que es el pasado. Y me mueve a una gran contradicción que me lleva a esa especie de idea de que nuestro futuro es nuestro pasado, algo a lo que no me resigno. Yo no creo que nuestro futuro sea nuestro pasado. El pasado es muy importante y alimenta una rica memoria de lo que somos. El presente es problemático y el futuro tenemos que inventarlo, pensarlo, trabajar seriamente e imaginar lo que viene después, y ahí está nuestro compromiso, el de todos, que es el compromiso de la realidad. -¿Sigue viendo León como la lúgubre capital de provincias que escondió bajo el nombre de Ordial, sobre la que se ciernen las sombras de la tragedia? -León, como todas las realidades de este país, desde el advenimiento de la Democracia ha sufrido una transformación absolutamente clara y contundente, y la realidad que vivimos hoy día en nuestra provincia y en nuestra región nada tiene que ver con aquel pasado ominoso. Yo siempre tengo una disposición de ánimo a la esperanza. Soy un hombre lleno de expectativas, y creo que en nuestra tierra hay muchas posibilidades de futuro. Nunca León fue más hermosa que lo es ahora. Es la ciudad más hermosa que yo he conocido, mucho más que el León de cuando yo era niño, que era una ciudad con un problema terrible: no era antigua, era vieja. -¿Cree que los «ilustres» leoneses que viven fuera de la provincia hacen lo suficiente por su tierra? -Realmente, una parte sustancial de lo que es y puede ser León procede de los que somos de León y lo que podemos hacer por nuestra tierra. León tiene un gran patrimonio, quieto, que está ahí, para que puedan venir a verlo quienes quieran, y otro patrimonio movible que está en la imaginación de quienes somos de aquí. El patrimonio de la memoria hay que preservarlo, cuidarlo, dejar que siga siendo tan hermoso como es y como fue. Y el patrimonio del presente y del pasado está más en la imaginación de quienes estamos comprometidos con la realidad de nuestra tierra. Desde luego, hay que tener una fuerte exigencia con nuestros políticos, que no deben ser leonesistas. -¿Le parece duro ser leonesista...? -Lo más duro de un leonés es que sea leonesista. Lo más terrible que le puede pasar a un leonés hoy en día es estar tan morido por su tierra que esté muerto por la propia esencia de identidad de su tierra. León tiene un conducto de comprensión universal de nuestra cultura. Los leoneses no somos nada. Hemos contribuido a un gran país en el que estamos. Nuestra identidad no vale para nada. Tener partidos que sustenten lo que somos es parte de nuestra miseria humana. Nunca he visto cosa más triste que ver a algunos paisanos de mi tierra defendiendo una bandera. Nada más miserable que las banderas en el mundo que vivimos. He sido siempre un anti-banderista. -¿Confía más, entonces, en el efecto Zapatero? -Espero que el PSOE tenga un razonable destino que nos merecemos todos los que tenemos un pensamiento de izquierdas. Un país en el que esas opciones no tengan una cabida razonable, siempre estará en situación precaria. Yo apuesto porque el progresismo pueda alcanzar razonables cuotas políticas. -Franco, la Legión Cóndor y León vuelven a mezclarse en su nueva novela, ¿cuándo verá la luz? -Después del verano, en octubre., bajo el título de Fantasmas del invierno . Antes, en primavera, aparecerá una recopilación de historias que se relacionan con mi memoria personal y mi valle de Laciana, que se he titulado Las lecciones de las cosas .

«No hay cosa más triste que ver a mis paisanos defendiendo una bandera»
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