domingo. 29.01.2023

Juan Antonio Álvarez Coque y Miguel Carro Llamazares figuran en los anales de la historia de la UGT como los artífices de la concordia para que ugetistas y cenetistas, sindicatos mayoritarios a principios del siglo XX, convivieran en la misma sede. Ambos fueron concejales con Miguel Castaño en varios mandatos. El último durante la segunda República. En las crónicas de los plenos de aquel entonces se refleja la preocupación del marmolista por pobres, parados y acogidos del hospicio. En cierta ocasión denunció, por boca de un vecino, la sisa de peso en una hogaza de pan. Otra vez cargó contra las «deficiencias administrativas» y la deuda de más de 700.000 pesetas del ayuntamiento a acreedores: «No habrán pagado las cuentas, pero para lo que no ha faltado es para banquetes y puros», reprocha a los miembros de la comisión. «Yo creía que era de caballeros, pero era mentira», concluyó.

«No habrán pagado pero no faltó para banquetes y puros»
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